Solo dos personas estuvieron en el cuartucho de la escuelita de La Higuera, al promediar las 13:15 del 9 de octubre de 1967. Uno era el Che Guevara y el otro su asesino. Ahora, los dos están muertos y jamás se sabrá, exactamente, cómo fue la ejecución del guerrillero que intentó exportar su revolución a Bolivia.
El gobierno del presidente Evo Morales, que tomó al Che como uno de los iconos de su “revolución cultural”, pudo esclarecer el misterio, pero no lo hizo. El domingo 23 de noviembre de 2014, el suplemento “Crónica” del diario español El Mundo reveló que el ejecutor del Che vivía tranquilamente en una casa cerca del segundo anillo de Santa Cruz. El entonces fiscal general de Bolivia, Ramiro Guerrero, recibió información de la ubicación exacta y tuvo la oportunidad de por lo menos citarlo, para tomarle una declaración, pero no lo hizo. Si se hubiera citado a Mario Terán Salazar, por entonces de 73 años, se pudo haber levantado la única acta documentada de su versión sobre la muerte de Ernesto Che Guevara, pero a nadie del gobierno “revolucionario” le interesó hacerlo. Terán murió, de viejo, el 10 de marzo de 2022 en el hospital militar de Santa Cruz y se llevó el secreto consigo.
¿Qué ocurrió aquel 9 de octubre de 1967? La verdad irrefutable es que Guevara fue ejecutado, sin juicio previo. El gobierno del entonces presidente, René Barrientos, mostró el cadáver, en el hospital de Vallegrande en medio de una mentira: “murió en combate”. De inicio, en un mundo sin internet y en el que todavía no existían las transmisiones internacionales, la versión fue creída y se la proclamó como una gran victoria del ejército boliviano contra lo que fue denominado “invasión extranjera”.
Pero Barrientos no había atado bien los cabos.
Una periodista francesa, Michéle Ray, que tenía una relación con un paracaidista boliviano, supo de este que, en realidad, el Che fue ejecutado y hasta tuvo la información de que su ejecutor estaba gozando de un descanso en Cochabamba. Fue hasta allá y contactó a Mario Terán, que estaba exultante porque por fin había podido conocer al hijo que nació mientras él estaba persiguiendo a la guerrilla. La belleza de la francesa tuvo que haber pesado para que el sargento no solo contara la ejecución, sino que hasta le pusiera adornos, como aquello de “apunte bien, va a matar usted a un hombre”. Eso no es todo. Terán posó para ella junto a la puerta de la Escuela Militar de Sargentos. Ray publicó su reportaje el 30 de diciembre de 1967 con un título impactante, “In cold blood” (“A sangre fría”) y desbarató la estantería de Barrientos: el Che había sido asesinado.
Los desmentidos del gobierno militar boliviano sirvieron de poco. En Cuba, el gobierno militar de Fidel Castro denunció el asesinato “a sangre fría” y la izquierda internacional comenzó la campaña para convertir al Che Guevara en un mártir… un símbolo. Agobiado por la repercusión que estaba teniendo el juicio contra Regis Debray, capturado en Muyupampa el 20 de abril de ese año, Barrientos quiso evitar un escándalo mayor con un juicio a alguien tan conocido como el Che y, con su torpeza, dio pie a la creación de una leyenda.
En 2014, en Santa Cruz, el general Gary Prado Salmón, nos admitió, al periodista español Ildefonso Olmedo y a mí, que Terán fue severamente amonestado por su imprudencia al haber hablado con la francesa y él, que lo conocía un poco más que otros oficiales, le aconsejó desaparecer. “Cuando le sacaron esa foto le hice una recomendación: ‘No te metas en este baile, ¡carajo!’. ¿Por qué le aconsejé que se quedara callado? Para que no hubiera venganza contra él... Y me hizo caso”.
Pero hubiera resultado imposible para Terán vivir como vivió, sin protección oficial. Vivió relativamente tranquilo hasta que estuvo a punto de cumplir 81 años.
Desapareció a los ojos de la gente y solo fue encontrado por otros dos periodistas, el estadounidense Jon Lee Anderson y el brasileño Douglas Duarte. Por las coincidencias entre lo que Terán nos dijo, en una entrevista de más de 23 minutos; la versión de Prado y los documentos desclasificados sobre la ejecución, sabemos que el ejecutor casi no tardó nada cuando entró al cuartucho a matar a Guevara. Eso significa que la versión contada a Ray, que sirvió para sublimar al guerrillero, no es la verdadera.
El 9 de octubre de 1967, Mario Terán Salazar estaba furioso contra el Che porque su segundo hijo había nacido días antes y sus superiores le negaron permiso para ir a Cochabamba a conocerlo. Además, el día anterior, en los combates en la Quebrada del Churo, había visto morir a sus dos amigos, que se llamaban Mario Terán, como él. Eso explica que se haya ofrecido para ser el verdugo.
Entró, disparó siguiendo las instrucciones del agente de la CIA Félix Rodríguez, y salió del cuartucho dejando el cadáver tras de sí.
Eso fue todo. El resto es manipulación política.
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