También la fecha se ha sumado al icono. En Cuba, y últimamente también en Venezuela, el 8 de octubre es el "Día del Guerrillero Heroico", en directa alusión a Ernesto Che Guevara, que fue capturado por el ejército boliviano en esa fecha, pero de 1967.
Su captura se convirtió en un hito de la historia debido a que marcó un punto de inflexión en la guerra de ideologías "izquierda/derecha" que sigue vigente más de medio siglo después. Si Guevara hubiera caído en combate, el ejército boliviano se habría anotado una victoria contra una invasión extranjera; sin embargo, el guerrillero fue capturado vivo, así que su muerte, acaecida al día siguiente, fue una ejecución, por no usar una palabra más fea, y con consecuencias jurídicas; asesinato.
Si, una vez capturado vivo, se lo hubiera sometido a la justicia, el Che no se habría convertido en una leyenda, en el símbolo que sigue siendo hoy. Fue, incluso, una de las figuras de la "revolución cultural" pregonada por el gobierno de Evo Morales. Curiosamente, el Concejo Municipal de Potosí, presidido por una militante del MAS, Josefina Cruz, distinguió a los sobrevivientes potosinos de las tropas que combatieron contra el Che en aquella guerrilla.
En el aniversario de esa captura, reproduzco parte del texto que publiqué, en coautoría con Ildefonso Olmedo, el 23 de noviembre de 2014 en el diario El Mundo, de España:
El 8 de octubre de 1967, cuando llegó la hora de la batalla final del Ejército boliviano con el ya acorralado grupo guerrillero del Che, el sargento Mario Terán Salazar estaba allí, moviéndose entre las quebradas del terreno. Amanecía cuando el subteniente Carlos Pérez, al frente de la compañía A estacionada en La Higuera, y en la que figuraba Terán, pidió al (entonces) capitán (Gary) Prado que verificara la información del campesino Honorato Rojas: la presencia de 17 hombres extraños en las quebradas de las proximidades, del Churo y la Tusca. Pronto comenzó el combate. Murieron el grueso de los guerrilleros y muchos soldados. Desde las alturas del terreno, Gary Prado dispuso a sus hombres para cortar la huida a quienes intentaran escapar de la encerrona, con fuego de mortero y ametralladora. Cuando el Che, herido y jadeando por el asma, asomó la cabeza quebrada arriba, tras una subida por un paredón, su suerte estaba echada. «Mi capitán, mi capitán, aquí hay dos [el propio Che y el boliviano Simón Cuba Willy], los hemos agarrado», gritó un soldado. Eran las 15.30 horas del 8 de octubre en la quebrada del Churo, a tres kilómetros del poblado de La Higuera. Palabra de Gary Prado:
-¿Quién es usted?- pregunté al más alto antes de pedirle que me mostrara la mano izquierda para verificar la cicatriz que sabía que tenía en el dorso. Llevaba una boina negra con el emblema del CITE, uniforme de soldado completamente sucio, una chamarra azul con capucha y el pecho casi desnudo, pues la blusa no tenía botones...
-Soy Che Guevara-me respondió en voz baja-, me destrozaron el arma cuando su ametralladora empezó a disparar. Supongo que no me van a matar, valgo más para ustedes vivo que muerto... ¿No le parece, capitán, una crueldad tener a un herido amarrado?
Lo teníamos atado a un pequeño árbol, y entonces me mostró la pantorrilla. Y vi que tenía un proyectil. "Desátenle las manos", ordené. Fue cuando me pidió agua, y yo que me acordé de Himmler y algunos jerarcas nazis que se suicidaron con una cápsula de veneno al ser apresados, le di de beber de mi propia cantimplora, evitando la suya. Le ofrecí luego tabaco. "Es muy suave ese Pacific... ¿tiene alguien Astoria?", se dirigió a mis soldados.
La radio PRC-10 que Gary Prado llevaba consigo no tardó en transmitir a Vallegrande la captura del Che: "Tengo a Papá y Willy. Papá herido leve. Combate continúa. Capitán Prado".
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Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
