En Patirana, muy cerca de Tumusla y del camino hacia Argentina, está la tumba de Pedro Antonio de Olañeta, el último virrey realista, que fue herido de muerte en la Batalla de Tumusla.
Su tumba es individual, y está junto a un templo, así que es fácilmente reconocible. El lugar puede ser una atracción turística de primer orden, pero necesita promocionarse.
Olañeta rechazó los términos de la capitulación de Ayacucho y se proclamó virrey. Enterado de que todavía había tropas realistas, el rey de España convalidó su autonombramiento, pero el reconocimiento llegaría tarde ya que Olañeta fue tomado prisionero en la Batalla de Tumusla, cuando las fuerzas encabezadas por Carlos Medinaceli Lizarazu le derrotaron en el río de ese nombre, el 1 de abril de 1825.
Herido en combate, Olañeta murió horas después y su cuerpo fue enterrado junto al templo del lugar, que en ese entonces era una capilla. Allí se puede llegar en vehículo o a pie. Allí también está un cuartucho que servía de cárcel y, un poco más allá, el comando realista.
El comando es una infraestructura ruinosa de la que apenas quedan los muros y el piso original de un ambiente, que es de piedra. En ese piso se puede advertir las formas que se dio al empedrado.
Al lado de esas ruinas está una edificación de dos plantas en la que queda un balcón. Los cimientos son de piedra y las paredes de adobe pero se le ha puesto techo de calamina, lo que contrasta con el conjunto del inmueble, y su época. Eso se debe a que los comunarios no han sido capacitados para remodelaciones y arreglan las cosas como mejor entienden.
La tumba de Olañeta es el lugar más significativo de la Guerra de la Independencia porque marca gráficamente su final. Allí está, bajo tierra, el último virrey realista y representa la derrota que sufrió el imperio español ante las tropas independentistas.
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