El agua de las lagunas se acaba. La sequía ha bajado el volumen de agua acumulada a solo el 8 por ciento y, si las cosas no cambian en nueve días, habrá que volver a ajustar los volúmenes de distribución a la zona alta, que ya están en los niveles más bajos de los últimos años.
El problema es para la zona alta. Esa parte de la ciudad es abastecida con el agua de lluvia que se acumula en las 27 lagunas que, debido a la sequía, se han ido secando de a poco. Actualmente solo existe agua en la laguna Lakachaka y es esta la que se distribuye cada dos días y en un volumen de 60 litros por segundo (60/s). Para tener una idea de lo que significa esta distribución, es preciso recordar que, en tiempos normales, se distribuía 300 litros por segundo, de las diferentes lagunas.
Como las lluvias escasean, y las propuestas de trasvase de agua hacia la laguna Lakachaka no avanzan, la situación es invariable: el líquido se acaba. En el plan de contingencia de la Administración Autónoma Para Obras Sanitarias (Aapos), se establece que, a este ritmo, el agua de ese embalse durará nueve días más y luego, si no hay una solución, habrá que volver a reajustar los volúmenes de distribución.
Sin una solución, a partir del 15 de noviembre se bajará la dotación de agua a la zona alta a solo dos días a la semana y 35 litros por segundo, lo que pondrá al 80 por ciento de sus habitantes en un peor escenario del que están atravesando actualmente.
A estas alturas, las lluvias no serán una solución, a menos que comience a llover diariamente y por largos periodos. Las lluvias esporádicas, como las que cayeron en los últimos días, ni siquiera logran humedecer la tierra y el sol se encarga de secarla. Para el gerente general de Aapos, la única solución inmediata es el bombeo desde Juchuy Chaluma a la laguna Lakachaka, que aportaría 25 litros por segundo y permitiría mantener el actual volumen de distribución de 60/s.
Pero el bombeo de Juchuy Chaluma se ha paralizado por el temor de los habitantes del ayllu Jesús de Machaca de que esa medida afecte a su medio ambiente, una consecuencia poco probable debido a que solo se trata de un proyecto de trasvase. Esta fue la propuesta del gobernador en ejercicio Marco Copa para mitigar la crisis del agua y es por eso que se sigue negociando con Jesús de Machaca.
La única solución que mitigaría la escasez de agua es la aducción a La Palca, que fue ejecutada por la Alcaldía en la gestión de Williams Cervantes, con una inversión de 26 millones de Bolivianos, pero hasta ahora no ha sido transferida a Aapos para su uso.
Mayor población
Además del cambio climático y los efectos de fenómenos como “El Niño”, una de las razones por las que la sequía está afectando particularmente a Potosí es su notorio incremento de población, como resultado de una alta migración proveniente del área rural.
La disminución de los volúmenes de recarga de las lagunas del Kari Kari, junto al incremento poblacional que supone un aumento en la demanda de agua, son factores que se suman a la crisis de escasez del líquido elemento que enfrenta la ciudad de Potosí.
El crecimiento de la ciudad junto con el asentamiento de miles de familias provenientes del área rural en las zonas de reciente expansión del municipio son factores que conciben esta tercera crisis del agua como una de las más complicadas de gestionar.
El incremento poblacional es un hecho innegable, pero no se traduce en las cifras oficiales ya que, pese a que han formado varios barrios, los migrantes mantienen sus nexos con sus tierras de origen y siguen cumpliendo con estas, como si siguieran viviendo en ellas.
Cuando se realizan censos, esta gente retorna a su lugar de origen para hacer contar allí, así que los recursos de coparticipación tributaria son redirigidos a esos lugares, en perjuicio de la ciudad de Potosí, que es donde realmente viven.
