San Bartolomé es patrono de la festividad de Ch’utillos, pero no de Potosí. Su colocación en la quebrada de Mullu Punku, donde se encuentra la hoy llamada “cueva del diablo”, data de 1589 porque esa es la fecha que aparece en los escritos de Bartolomé Arzáns.
Es Arzáns quien refiere que en ese lugar ocurrían muchas desgracias y sucesos sobrenaturales que atribuye al diablo, que se encontraba en una cueva de la quebrada, pero estos se acabaron cuando los jesuitas “fueron un día llevando en procesión la imagen de San Bartolomé, y colocándola en otra pequeña y natural cueva vecina a la grande, al punto salió de esta el demonio bramando, y haciendo un espantoso ruido se estrelló contra la misma peña, quedando hasta hoy las señales de un color verdinegro”.
Sobre la colocación de la imagen existe un documento que es custodiado por los jesuitas: la carta que el sacerdote de esa orden Pablo Joseph de Arriaga le dirigió a su provincial de entonces, Claudio Aquaviva, informándole cómo había logrado extraer un culto autóctono de la referida quebrada. En esa comunicación, el jesuita refiere que los indios acudían a aquella quebrada a practicar idolatría, así que se realizó varias acciones para erradicarla. Finalmente, “levantaron allí un altar y capilla muy adereçada” y “quando se hizo la capilla se avía hechado suertes para sacar un santo a quien se dedicase, y cúpole a San Bartholomé, y vínole muy bien por ser particular defensor contra el demonio”.
Por tanto, lo que se confirma es la colocación de la imagen de San Bartolomé (solo de ese santo, pues ningún escrito alude a otra u otro), pero el documento de Arriaga no hace referencia a ningún suceso sobrenatural, como un demonio estrellándose en la peña, sino la construcción de la capilla donde hasta hoy se encuentra el apóstol. Esa imagen, o “bulto”, fue labrada para la ocasión, en Potosí, y luego se la llevó hasta la capilla: “Dióse luego traça de hazer su imagen de bulto, como se hizo a lo natural, acudiendo con mucha liberalidad los indios con sus limosnas a ello. Acabóse para la fiesta del mismo Santo y este día se llevó en procession desde una iglesia , sacándole en ombros hasta fuera del pueblo el Padre Rector y los demás Padres de casa, de do le tomaron los indios de una cofradía”.
Arriaga era un extirpador de cultos, autor de “Extirpación de la idolatría del Perú”, y fue él quien identificó a la quebrada de Mullu Punku como una huaca que había que erradicar. Entonces, lo que allí existía era un culto autóctono sobre el que se puso a San Bartolomé:
“Salieron por otra parte a recibir al Santo los curas de las parrochias, que se avían juntado para el effecto, con muchos pendones, cera y danças, arcos y música, subieron el Santo arriba donde estaba el altar muy bien compuesto, ubo sermón y Missa con mucho consuelo de todos. Púsose allí un indio muy viejo y muy buen christiano para que conservase lo hecho”.
La carta, que transcribimos con la ortografía de la época, data de 1598 mientras que Arzáns escribió su obra entre 1700 y 1736. Arriaga fue protagonista directo en los sucesos de 1589 y el cronista, que jamás llegó a conocer la carta, escribió sobre la base de crónicas previas, como las de Antonio de Acosta, Pedro Méndez y Juan Pasquier.
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