Si de algo sirvieron los más de 50 días de un bloqueo nacional de caminos organizado —como él mismo admitió esta vez— por el expresidente Evo Morales fue para que los escasos escépticos que quedaban se convencieran del enorme daño que causa esa acción que equivocadamente era interpretada como medida de protesta.
Según reporte oficial, los bloqueos de este año causaron un daño económico de 2.800 millones de dólares, una suma que se puede equiparar al 4,87 por ciento del PIB estimado hasta 2025 y al 20 por ciento del servicio de pago de la deuda externa. Es difícil saber si el impacto de estas cifras es comprendido por los promotores de los bloqueos.
Uno de los grandes problemas de Bolivia es que se romantizó los bloqueos, igual que muchos otros elementos de las protestas sociales. Al vincularlos directamente con el antecedente histórico del cerco de Tupaj Katari a La Paz, de 1781, se los elevó a un rango de heroicidad que todavía se mantiene como tal, especialmente en determinadas zonas de ese Departamento.
Pero los bloqueos de este año desenmascararon al protagonismo de Evo Morales y ni siquiera por labor investigativa alguna, sino porque él mismo cedió a su megalomanía y, en una de sus apariciones públicas, admitió su vínculo directo. Eso fue clave para entender que los bloqueos carecían de legitimidad, puesto que estaban orientados a favorecer a un sector de la sociedad en particular, el de los productores de coca del trópico cochabambino.
Cuando los bloqueos estaban en su auge, el servicio informático gratuito de noticias Urgente.bo publicó un reporte que redondeaba la situación, “En 6 años, el evismo protagonizó 5 bloqueos masivos que provocaron pérdidas millonarias”, que demostraba, con pruebas fácticas, que Evo Morales estuvo detrás de esas acciones entre 2020 a 2026; es decir, desde que dejó de ser presidente de Bolivia, pues renunció en 2019 cediendo a protestas populares extendidas a todo el territorio nacional.
El reporte periodístico no da cifras de los daños económicos ocasionados por esos seis bloqueos, que son considerados nacionales porque abarcaron a gran parte del territorio boliviano, pero menciona que el primero, el de 2020, provocó pérdidas por 1.000 millones de dólares.
Sobre la base de la prueba fáctica, se puede comprobar que el reporte de Urgente.bo se queda corto ya que los bloqueos de caminos se hicieron práctica frecuente desde por lo menos el año 2000 y en la mayoría de ellos aparece Evo Morales como figura protagónica.
La revisión hemerográfica demuestra la participación de Morales en los bloqueos de 2000 y 2001, contra el gobierno democrático de Hugo Banzer; 2002, contra el de Jorge Quiroga, y 2003, de Sánchez de Lozada, al cual se expulsó de la presidencia con presiones en las que el líder cocalero estuvo muy comprometido.
De entonces hasta 2019, cuando Evo fue literalmente echado del poder, no hubo más presiones de este tipo; es decir, bloqueos de caminos. Estos se reiniciaron en 2020, conforme a la relación publicada por Urgente.bo.
En esencia, los bloqueos de caminos son acciones de guerra que organizaciones obreras tomaron “prestadas” para hacer más efectivas sus demandas, pero hasta en estados de guerra hay normas qué seguir y, entre estas, la más importante es preservar la vida de terceros; es decir, los no involucrados en el conflicto. En los bloqueos ejecutados en Bolivia desde 2020 no hay normas a las cuales sujetarse: se bloquea y punto. Nadie pasa, ni siquiera las ambulancias que son respetadas en tiempos de guerra. Por eso tuvimos por lo menos 14 muertos en los bloqueos de este año.
Ya no hay lugar a debates: los bloqueos de caminos son dañinos para nuestra sociedad y, por eso mismo, es hora de ponerles límites y eso solo será posible mediante ley expresa.
