Bolivia se encuentra en un momento de pacificación que podría ser más breve de lo que espera la ciudadanía.
El Estado de Excepción dispuesto por el gobierno de Rodrigo Paz y ratificado por la Asamblea Legislativa Plurinacional tuvo la virtud de poner fin a los bloqueos de caminos que estrangularon la economía nacional durante más de 50 días. Según reportó el ministro de defensa, Ernesto Justiniano, el daño económico causado por esas acciones asciende a por lo menos 2.800 millones de dólares, una cifra que no solo es alta por su cuantía, sino por el efecto que tendrá en el futuro inmediato del país.
Si tomamos en cuenta que el Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia fue estimado en alrededor de 57.400 millones de dólares hasta el año 2025, veremos que el daño causado al país —esos 2.800 millones reportados por el gobierno— representan el 4,87 por ciento, pero ese es el impacto numérico directo. Como se sabe, el PIB es el valor monetario total de todos los bienes y servicios finales producidos dentro del territorio de un país durante un período determinado así que, a la hora de aplicar los números, el de Bolivia se verá severamente afectado y eso se traducirá en una reducción de confianza que es determinante cuando se busca financiamiento externo.
Y, si de créditos hablamos, tenemos que hablar de la deuda externa cuyo servicio es gravitante para cualquier economía. El Banco Central de Bolivia informó que, al 31 de mayo de 2026, la deuda externa pública había aumentado a 14.418,1 millones de dólares. El daño económico causado por los bloqueos de este año llega casi al 20 por ciento de esa suma. Así de grave es su efecto que, lamentablemente, se proyectará en el futuro inmediato.
Y hablamos de economía para no redundar en el efecto social de los bloqueos, que fuimos mencionando a medida que el conflicto se desarrollaba; es decir, por lo menos 14 fallecimientos vinculados directamente con los cierres de rutas, además del daño que se ha causado a la imagen del país que ahora es considerado como lugar peligroso para el turismo que, por el contrario, es generador de recursos económicos.
Las cifras demuestran superabundantemente que los bloqueos de caminos no solo son perjudiciales, sino que se han convertido en peligrosos, tóxicos y desestabilizadores de la economía nacional.
Pero ahora viene el detalle clave de este análisis: en esencia, los bloqueos de caminos son acciones de guerra, aunque, en ese marco, se los conoce con otros nombres, como sitios o cercos de ciudades. Debido a ello, son usados en contextos de enfrentamientos armados, así no sean guerras declaradas oficialmente como tales.
En Sudamérica, el método comenzó a ser utilizado en contextos diferentes a los de las guerras por organizaciones de obreros, aunque de manera excepcional. En Bolivia, la Central Obrera Boliviana (COB) solo usó la acción de guerra, convertida en medida de protesta, en contadas situaciones como, por ejemplo, durante los conflictos que surgieron a raíz de la promulgación del Decreto Supremo 21060, entre 1985 y 1986. Al margen de ello, la COB utilizó como instrumento de lucha el paro y, en casos extremos, la huelga general indefinida.
Además de la COB, quienes recurrieron a los bloqueos fueron las organizaciones de campesinos, pero los hechos demuestran que su conversión en un método recurrente está vinculada a una persona, el expresidente Evo Morales, desde por lo menos el año 2000, cuando se ejecutó protestas contra el segundo gobierno de Hugo Banzer Suárez.
Si tomamos ese referente, concluiremos en que los bloqueos no fueron ejecutados por intereses nacionales, sino sectoriales, los de los productores de hoja de coca.
