Miles de personas participaron ayer "con miedo, pero con reivindicación", en la Marcha del Orgullo LGTB de la ciudad santa de Jerusalén, entre impenetrables medidas de seguridad tras la agresión mortal de 2015 y que se centró en condenar la injerencia de la hegemonía religiosa en Israel.
Un grupo de ultraortodoxos y extrema derecha se posicionaron frente al Parque de la Libertad, en la zona oeste de la ciudad, para condenar la Marcha de este colectivo.
