Una mancha rojiza en la roca transformó una caminata rutinaria en un viaje al pasado. El jefe de Protección a.i. del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) Kaa-Iya del Gran Chaco, Mario Luis Gil Egüez, descubrió un conjunto de pinturas rupestres en el bosque de San José de Chiquitos. El hallazgo sorprendió por completo al grupo explorador, cuyo único plan original era evaluar un circuito de ecoturismo en el área.
El descubrimiento ocurrió el 26 de septiembre. Además del guardaparque Gil Egüez, entre quienes llegaron hasta las formaciones rocosas estuvieron Emilio Vaca, de la comunidad Cristo Rey; Mario Salas, de San Juan del Norte; Malité Schmitter y René Arzabe, de Fundación RAMA, y Kathia Garrido, comunicadora del parque Kaa-Iya.
“Logré visualizar a unos cinco metros un símbolo, una marca rojiza, unos trazos. Al acercarse, la pigmentación ya era bien nítida”, relató a la ABI el guardaparques, quien explicó que su atención no estaba puesta únicamente en las plantas y los animales, sino también en las huellas de quienes habitaron ese territorio.
Antes de internarse en el monte, el grupo realizó un ritual para pedir protección al “dueño del monte”, una práctica que forma parte de las costumbres de las comunidades. La caminata incluyó la instalación de cámaras trampa en tres puntos que los comunarios identificaron por la presencia de animales silvestres.
Mientras recorría las formaciones rocosas, Gil Egüez observaba cuevas, árboles y cualquier señal que pudiera revelar la historia del lugar. Al llegar a una especie de refugio natural, un espacio bajo una gran piedra donde era posible sentarse y contemplar las formaciones rocosas, distinguió la primera marca. Llamó a sus compañeros para mostrarles el hallazgo. Al principio, algunos no lograron verla; después se acercaron y reconocieron los trazos rojizos.
“Yo no soy arqueólogo. Les dije que eran trazos, figuras de pigmentación y que tenía que venir un especialista a certificar esto”, recordó el guardaparque.
Después de advertir la primera figura, recorrió otros sectores de la formación rocosa y encontró más pinturas. El equipo tomó fotografías y registró las coordenadas para ubicar los puntos.
La emoción fue inmediata. “Todos locos, todos contentos, felices, porque es un descubrimiento de esa magnitud en ese lugar donde nadie había ido”, contó Gil Egüez.
Durante el recorrido también encontraron una gran cavidad natural con capacidad para albergar a unas 50 personas sentadas. En honor a Malité Schmitter, quien los animó a continuar la caminata, bautizaron el sitio como “El Capricho de Malité”.
El hallazgo llamó la atención por la nitidez de algunos trazos, pero también por la fragilidad de las rocas. Una de las superficies presenta desprendimientos y parte del material podría caer, con el riesgo de que las pinturas se pierdan. En otro sector se observa una zona blanquecina que, según la explicación que recibió Gil Egüez del arqueólogo, está relacionada con la humedad y la falta de exposición al sol.
El sábado 31 de octubre se efectuó una segunda inspección para verificar el hallazgo. Participaron Zora Taborga, presidenta del Comité de Gestión del Parque Kaa-Iya y vicepresidenta de la Central de Comunidades Indígenas de Chiquitos Turubó; Danilo Drakic, arqueólogo de la Gobernación de Santa Cruz; Alan Javier Poquiviqui Suárez, director de Turismo y Cultura de San José de Chiquitos; representantes de Fundación RAMA, guardaparques y la autoridad de la Unidad de Conservación del Patrimonio Natural (UCPN) Santa Cruz la Vieja.
Durante esa visita, el arqueólogo confirmó de forma verbal que las figuras corresponden a pinturas rupestres.
Gil Egüez explicó que el especialista comprometió un informe escrito para respaldar la identificación, documento que todavía está pendiente.
“Ya no es solo naturaleza, es parte de la historia”, expresó el guardaparque, quien considera que el lugar reúne valores naturales y culturales que las comunidades quieren proteger.
Por su parte, Poquiviqui Suárez también dio cuenta de lo que observaron durante la inspección. “Fuimos hasta el lugar y pudimos evidenciar los vestigios de pintura rupestre”, afirmó.
El director municipal explicó que el municipio acompaña el proceso para identificar, inventariar y categorizar el patrimonio. Además, evalúa su potencial para el turismo de aventura, rural y comunitario.
La segunda visita dejó otra incógnita. Los participantes encontraron una abertura en la roca, de aproximadamente el ancho de una persona, cuyo acceso estaba cubierto con piedras de tamaño similar a ladrillos. Estas piezas estaban acomodadas de una forma que llamó la atención del grupo.
El arqueólogo retiró algunas y alumbró el interior con una linterna. Según la descripción de Gil Egüez, la cavidad se ensanchaba hacia adentro y continuaba en una curva hacia la izquierda, con espacio para que una persona pudiera sentarse e incluso ponerse de pie.
El especialista prevé regresar al lugar a mediados de enero de 2027 con un equipo profesional para examinar el sitio y determinar si existen fósiles u otros rastros de presencia humana. Cualquier hallazgo será documentado y permanecerá en el lugar, sin extracción de materiales.
En el entorno se encuentran la quebrada El Carmen, sectores de vertientes y grandes pozas naturales. Durante el recorrido, los participantes identificaron una formación rocosa que describieron como “la cara del diablo con su trinche”. Estas características se suman al atractivo natural de la zona.
El sitio se encuentra a unos cuatro kilómetros de las comunidades de San Juan del Norte y Cristo Rey. El trayecto incluye un río de agua dulce que acompaña parte de la caminata y constituye una fuente importante para la zona.
Los comunarios tienen la intención de impulsar primero un área protegida comunal y, más adelante, gestionar su reconocimiento como área protegida municipal. La propuesta busca conservar las fuentes de agua, la flora y la fauna, además de mantener la conexión ecológica entre las comunidades, el parque Kaa-Iya y la UCPN Santa Cruz la Vieja.
Gil Egüez destacó que las cámaras trampa permiten registrar la presencia de distintas especies silvestres en el territorio. A su juicio, la protección del lugar debe considerar tanto las pinturas como el bosque que las rodea, las vertientes y los corredores naturales que conectan los espacios de conservación.
Para el guardaparque, la participación de las comunidades, las autoridades y los especialistas será clave para conservar este patrimonio. Las pinturas rupestres, las cavidades que aún guardan preguntas y las fuentes de agua que sostienen la vida de los habitantes revelan que el recorrido de San Juan del Norte y Cristo Rey guarda un valor que trasciende su riqueza natural.
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