La música se encuentra entrañablemente relacionada con el calendario agrícola, festivo y ritual de los andes, por lo cual, muchos de los instrumentos musicales andinos tienen un rango sagrado. En correspondencia a los principios filosóficos de dualidad y complementariedad, un ciclo agrícola se encuentra dividido de manera general en dos estaciones; la estación de secas o ch’aki pacha que inicia desde el 3 de mayo hasta el 1° de noviembre, y la estación de lluvias o paraq pacha que inicia en la festividad de Todosantos y culmina el 3 de mayo. Desde el imaginario del hombre andino, las energías de los muertos son los encargados de traer las lluvias, y fertilizar los inertes campos con su energía vital. Por consenso sociocultural, se tienen instrumentos musicales que son interpretados de manera exclusiva en la época de secas y otros que están estrechamente relacionados con el tiempo de lluvias, así como lo indica Bauman “las flautas Charkas, los pinkillos/pincollos, mocheños/aymaras, ch’utus, tokurus y las tarkas/anatas, son tradicionalmente interpretadas en la estación de lluvias, y se encuentran asociados con las lluvias, la fertilidad y las celebraciones a la Virgen, por lo que tienen una identificación femenina. (Bauman, 1996 p. 21).
Henry Stobart refiere que “En algunos casos, se considera que los sonidos musicales tienen un directo y concreto efecto sobre las condiciones climáticas, y se interpretan instrumentos específicos para atraer, por ejemplo, la lluvia o la helada.” (1996 p.67). De ahí que, en las comunidades se evita interpretar instrumentos musicales que no correspondan con la época del año o alguna celebración en particular.
LA MÚSICA DE LOS PINKILLOS
Los pinkillos son una especie de flautas verticales con embocadura de pico, según Segundino Condori Quispe, originario de Tinguipaya, los pinkillos son elaborados con las maderas de tarco y thurumi, que tienen un canal interior suave y fácil de perforar. Una tropa de pinkillos se encuentra generalmente constituida por los siguientes tamaños: El Jatun Machu Tara (dos pinkillos), el Jatun Q’iwa (cuatro pinkillos), el Chaupi Tara (seis pinkillos) la Uña Tarita (Cuatro Pinkillos) y la Uña Q’iwa (un solo pinkillo). (Zegarra E. 2010). En cuanto a los denominativos de “tara” y “q’iwa” para el etnomusicólogo Henry Stobar (1996) se trata de vocablos que identifican dos tipos de sonidos opuestos y complementarios. Por un lado, se tiene al “tara” que es un sonido doble, grueso, vibrante y de estética positiva o afinado, por otro lado, el “q’iwa” es un sonido sencillo, claro, delgado, débil y de estética negativa o desafinado. Por lo que se trata de dos sonidos que al ser interpretados de manera conjunta dan una noción sonora equilibrada, además que los pinkillos son interpretados de manera contestada debiendo interpretarse en pares.
El pinkillo es un instrumento estacional y se interpreta principalmente durante la época de lluvias, periodo asociado simbólicamente con la fertilidad de la tierra y el renacer de la vida, acompañando la Fiesta de Todosantos y las celebraciones relativas a la cosecha. Según el músico de pinkillo Ismael Churi, de la comunidad de Jahuacaya del ayllu Qollana, el pinkillo se toca desde poco antes de la celebración de Todosantos hasta Tentaciones; donde se inicia con la interpretación del charango. Si alguien sigue tocando el pinkillo después de esas fechas atraería la helada perjudicando la producción agrícola. Así, dos de los momentos más importantes para la interpretación de los pinkillos se encuentran directamente relacionados con el culto a los uertos; el 2 de noviembre donde se interpreta este instrumento en los cementerios dando la bienvenida a los muertos y el lunes de carnaval o alma kacharpaya donde despide a los muertos armando altares similares a los de Todosantos.
