Cultura

Conozca el texto sobre Potosí que se publicó en España

En adhesión al 476 aniversario de la Villa Imperial, El Potosí libera el texto que primero fue publicado a principios de marzo, en el diario El Mundo, de España, y luego en la revista Ecos, que circula con este diario.

Leyenda sobre leyenda

Si el Cerro Rico de Potosí era una deidad, una diosa, ¿cómo fue que los naturales del lugar aceptaron que se le explote, que se viole a la divinidad?

En el prólogo de su compilación sobre Potosí, Mariano Baptista Gumucio nos recuerda la versión más difundida sobre el cerro y sus minerales:

“Cuenta una leyenda del incario que habiendo llegado Huayna Cápac, uno de los soberanos más esclarecidos que tuvo el imperio, hasta las cercanías de la montaña conocida con el nombre de Sumac Orcko (Cerro Hermoso), en un recorrido por sus dominios, no ocultó su asombro ante la imponente mole y ordenó su explotación con el fin de acrecentar los tesoros de los templos. No bien empezaron los nativos a trabajar los ricos filones de plata, llegó a sus oídos una estruendosa voz que decían ‘no saquen la plata de este cerro porque es para otros dueños’”.

Pero Baptista lo dice claramente: esa versión es una leyenda y resulta curioso que, pese a su evidente fantasía, haya sido incorporada incluso a algunos textos de historia y todavía se maneje como el origen de la explotación del cerro y, consiguientemente, de Potosí mismo.

Una leyenda es  una “narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición” o un “relato basado en un hecho o un personaje reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración”. Se basa en la tradición oral pero puede pasar al papel. Eso es lo que ocurrió con la leyenda sobre la plata del Cerro Rico.

La versión del cerro que brama aparece escrita por primera vez en 1585, en el informe que el sevillano y propietario de ingenios Luis Capoche le dirige al virrey del Perú Hernando de Torres y Portugal. Allí, el español escribió que “el Inca “mandó que no se labrase (el cerro); y que los indios oyeron voces en el aire que decían que para otra gente mejor estaba guardado y que habían de sacrificarle más que ellos o por serles ignoto y no sabido su valor y riqueza, teniéndola Dios guardada y oculta tantos siglos para remedio y socorro de nuestra nación”.

La versión fue copiada cinco años después por el sacerdote jesuita Pablo Joseph de Acosta que la publica en su “Historia Natural y Moral de las Indias” prácticamente con las mismas palabras, y sin citar fuente, en algo más parecido a un plagio que a una cita. Como esta obra se convierte en un éxito editorial de su época, es reeditada al año siguiente y una tercera edición, ya madrileña, sale en 1608. Con esas publicaciones, la leyenda plagiada se convirtió en el principal referente del origen de la plata del Cerro Rico.

A España, la versión le cayó muy bien. Si el Cerro Rico era una deidad, que haya sido la propia montaña la que diga que su riqueza estaba destinada a “otros dueños”; es decir, a los españoles, ayudaba a justificar su explotación.

La diosa violada

Textos: Juan José Toro

Foto principal: Lino Berazain

 

Llevábamos horas dando vueltas.

No importa en qué lugar de Potosí nos encontremos. Como la ciudad está en sus faldas, el Cerro Rico es visible desde cualquier parte pero llegar hasta él proporciona una perspectiva diferente. Bocaminas y kilómetros de galerías subterráneas que fueron horadados durante 476 años han configurado una otra ciudad en la montaña, aunque esta es oscura y sinuosa.

Luego de más de cuatro siglos de explotación continua, que prosigue al presente, el cerro está prácticamente hueco por dentro, como un queso gruyere. Los españoles lo explotaron desde 1545 hasta 1825 pero, desde entonces, se quedó en manos de sus dueños, los naturales, y las cosas no han mejorado…     

Esta enorme montaña posee yacimientos de plata que parecen inagotables. Debido a sus condiciones de deterioro, se ha prohibido la explotación en la cúspide pero esa, precisamente, es la zona más rica en óxidos de plata, que ahora son los más lucrativos. Todos en Potosí sabíamos que un reducido grupo de dirigentes de las cooperativas mineras explotan óxidos. El problema era probarlo.

Llevábamos horas dando vueltas.

Una llamada telefónica me alertó que había actividad nocturna en el Cerro Rico así que subí en un taxi, pero no encontramos nada. Dimos vueltas por bocaminas, huimos de perros guardianes, preguntamos a vigilantes, pero nadie había visto nada.

Ya estábamos retirándonos, frustrados, cuando apareció una volqueta. Estaba cargada hasta el tope. Y enseguida apareció otra más. Eran dos presas en vez de una. Las seguimos. Y llegaron donde creíamos que debían llegar: hasta la plata procesadora de Manquiri, que está detrás del Cerro Rico y a la que le venden óxidos la mayoría de los mineros.

Llegamos hasta la puerta de la planta, pero un policía se apresura a cortarnos el paso. Nos dice que es propiedad privada, que no se puede pasar, y eso es suficiente para detenernos. Si los dirigentes de las cooperativas no respetan las leyes, nosotros sí debemos hacerlo, así que retrocedemos, aunque hayamos confirmado el chivatazo telefónico.

Sí. El Cerro Rico seguía siendo explotado, incluso de noche, porque los trabajos mineros no han parado. La legendaria montaña sigue prodigando plata por toneladas, aunque ahora haya ilegalidad de por medio.      

Cerro Rico… plata… riqueza… Potosí.

¡Vale un Potosí!

La frase todavía se repite en Madrid, la ciudad que Felipe II convirtió en la capital del reino de España en 1561. “Viene de las minas del Potosí —dice Juan José, un madrileño al que encontramos en la librería “La Forja”, en el número 10 de la calle de Cervantes, en el Barrio de las Letras—. Era un sitio de mucha riqueza y, de ahí, la gente lo empezó a usar”.

“Soy argentina, no soy española —aclara Soledad, en la misma librería, mientras se ríe—. Lo que he escuchado y conocido aquí en España: se dice que Cervantes fue quien popularizó la frase, cuando la incorporó a la literatura”.

Pues sí. Era Cervantes quien usaba el topónimo Potosí como sinónimo de riqueza enorme e incalculable. El Cerro de donde salía estaba al otro lado del charco, pero no era una montaña cualquiera…

…era una diosa.    

 

UNA WAK’A

El periodista e investigador Mario Lucky Caro Martínez detalla que el Cerro Rico ocupa un área de 1.700 metros de largo por 1.200 metros de ancho.

Tiene una altitud de 4.800 metros sobre el nivel del mar y su antigüedad está estimada entre 10 a 14 millones de años. Por tanto, cuando las primeras de comunidades de personas se asentaron en el lugar, luego de las oleadas de migraciones procedentes de África y Asia, el cerro ya estaba ahí y probablemente su forma era muy parecida a la actual: un cono cuya punta parecer perforar el mismísimo firmamento.

Un cerro hermoso y lleno de plata, que los indios explotaron centurias antes que los españoles. Había motivos de sobra para considerarlo una divinidad.

El Cerro Rico tenía carácter sagrado por múltiples motivos y uno de ellos era su contenido, enormes yacimientos de plata de los que los indios ya tenían conocimiento. La francesa Pascale Absi dice que la minería tenía otro sentido para los pueblos andinos. Así como se creía que los cerros eran personas, los cerros mineralizados eran considerados mujeres que habían sido fecundadas por las divinidades del mundo interior, también llamado “ukhupacha”.

El Cerro Rico era una wak’a, un lugar sagrado, un adoratorio solar, porque estaba consagrado al sol, y, coetáneamente, a una divinidad mayor como era Pachacamaj. En un documento anónimo de 1603, conservado en el archivo de la Real Academia de la Historia, se encuentra esta descripción:

“Tiene esta villa á la parte del Sur el cerro rico que se llama Potochi, de una muy hermosa hechura, que parece hecha de mano, y muestra ser como un monton de trigo en el color y talle, aunque él, en sí visto y andado, es áspero y desabridísimo y no tiene la hermosura que muestra de lejos; y por esto, ó porque á las minas llaman coya en lengua délos indios, que quiere decir ‘reina’, llaman á este cerro por excelencia Reina”.

Entonces, por una parte tenemos que el Cerro Rico es mujer, una reina o, mejor, una coya, y este último apelativo hace referencia, también, a su condición mineralizada, a sus yacimientos de plata. En otras palabras, también le decían coya por su contenido mineral.

Por otra parte, es un adoratorio. La francesa Thérèse Bouysse-Cassagne afirma que el Cerro Rico “pertenecía al Sol” y “habría sido consagrado al sol por los Incas en razón de su riqueza en plata nativa criada por el mismo Sol”. “Además, el Cerro Rico con su forma tan perfecta, su notable altura, su color tan característico, su mineral a flor de tierra de óptima calidad, tenía todos los atributos para ser una wak’a superior”, agrega.

 

LA WAK’A VIOLADA

Pero si el cerro era una diosa para los naturales, otra cosa muy distinta era para los españoles. Enterados de que allí existía un yacimiento de plata, hombres de Gonzalo Pizarro, hermano de Francisco, comenzaron a explotar el argentífero metal y registraron varias minas. Fue el inicio de la ciudad que, gracias a la plata del Cerro Rico, de la wak’a, se convirtió en el centro del mundo en el siglo XVI. Se llamó como el cerro, Potosí, y en 1561 recibió su nombre oficial, a través de una capitulación: Villa Imperial de Potosí.

La explotación desmedida de minerales comenzó en 1545 y prosigue hasta el presente. Caro menciona un estudio que estableció que de 1545 a 1872, la producción de plata alcanzó las 30.640 Toneladas Métricas Finas mientras que otro dice que entre 1545 y 1824 fue de 985.102.151 onzas troy.

El volumen de mineral que salía de Potosí era tal que, de inicio, España no supo qué hacer. “Comenzó a llegar tal cantidad de plata a Sevilla que fue necesario poner en marcha un plan de emergencia para acuñar la gran cantidad de metal en la ceca de esa ciudad”, escribió Glenn Murray, estadounidense nacionalizado español.

Pues sí… ¡Vale un Potosí!

Pero, como es fácil suponer, a los indígenas no les cayó nada bien que su wak’a sea violada, así que comenzó una resistencia que solo pudo ser morigerada con los años, y con el negocio que representó para ellos la fundición de la plata entre 1545 y 1572, cuando el virrey Francisco de Toledo ordenó construir una Casa de Moneda en la ciudad.

Desde aquellos años, Potosí fue la caja fuerte de la corona y la base para lo que fue el imperio español. Tan consciente estaba de eso Felipe II que le concedió un escudo de armas en el que figuraba el águila bicéfala de los Austrias, el toisón de oro, las columnas de Hércules y la heráldica de Castilla y León.

La plata que salía del Cerro Rico era embarcada rumbo a España pero Inglaterra, que no poseía una mina tan rica, alcanzaba a apoderarse de los cargamentos mediante piratas a los que llegó a conceder patentes de corso.

Durante la guerra entre las colonias sudamericanas y España, entre 1809 y 1825, la segunda Casa de Moneda, donde se guardaba la plata y los caudales en primera instancia, era permanentemente saqueada por los ejércitos, tanto realistas como rebeldes. Los Anales de Potosí relatan que los cargamentos estaban constituidos de largas recuas de mulas que cargaban monedas y minerales.

Pero el tiempo cambia las cosas… y las divinidades.

En 1985, todos en Potosí habían olvidado que el Cerro Rico fue alguna vez una wak’a, una divinidad.  

Para entonces, era un yacimiento explotado por el Estado boliviano que empleaba a miles de mineros para hacerlo. Afirmando que el gasto para pagar los sueldos era mayor que las utilidades por la explotación del cerro, el presidente de entonces, Víctor Paz Estenssoro, despidió a los mineros.

Pero la explotación no se detuvo.

Utilizando el dinero de su indemnización, los mineros despedidos se agruparon en cooperativas y comenzaron a explotar el Cerro Rico por su cuenta.

 

LA NUEVA VIOLACIÓN

Dos años después, en 1987, la Unesco inscribió a Potosí en la lista del Patrimonio Mundial por su extraordinario valor histórico y cultural para la humanidad.

La inscripción conllevaba una responsabilidad: conservar los elementos que la motivaron; es decir, el Cerro Rico, el complejo industrial de la ribera de los ingenios y el centro histórico.

Pero el Cerro había comenzado a explotarse de manera desmedida y sin control alguno. En tiempos de la minería estatal, la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) desarrollaba tareas preventivas para evitar el hundimiento de los socavones. Hasta ahora, los cooperativistas no han demostrado que hacen lo mismo.

Los hundimientos comenzaron con el nuevo siglo. En la cúspide aparecieron enormes agujeros y la estructura del Cerro sufrió cambios. Ya no era el cono perfecto de antaño y parecía más achatado. La comparación con fotografías del pasado demostraba los cambios.

El 8 de octubre de 2004, el gobierno boliviano promulgó el Decreto Supremo 27787 que aprobó un reglamento especial para las actividades mineras en el Cerro Rico de Potosí. En su artículo 5, el reglamento señala que “se establece una zona de seguridad desde la cota 4,700 metros sobre el nivel del mar hasta la cima del Cerro Rico de Potosí, en la cual no se podrán efectuar labores de explotación minera superficial”.

Pese a la claridad de esa prohibición, los trabajos en la cúspide prosiguieron, al igual que los hundimientos, así que en 2014, el comité del patrimonio mundial, reunido en Doha, incluyó a Potosí en la lista del patrimonio en peligro debido a las “operaciones mineras descontroladas”.

“El comité declaró que la actividad minera en Cerro Rico, que se levanta cerca de la ciudad, está generando una degradación del sitio histórico y no hay cumplimiento de las leyes de protección y conservación”, informó la BBC.

Y es que el Cerro Rico no solo se explota de manera desmedida, sino ilegal.

Para realizar trabajos por encima de la cota 4.400, se necesita una autorización de la Comibol que es emitida luego de verificar que no se operará en la zona prohibida.

Lo que ocurrió, con el paso del tiempo, es que algunos dirigentes de las cooperativas mineras comenzaron a ganar más que sus similares y a subcontratar mineros para sus operaciones. Al tener gente bajo su mando, que constituían votantes, ganaron poder político y su influencia llegó a tal punto que llegaron a nombrar ministros de minería.

Con ese poder, estas pocas personas explotan actualmente el Cerro Rico, incluyendo en la zona prohibida, porque la Comibol les extiende las autorizaciones sin ningún tipo de verificación. Hasta septiembre del año pasado, cuando las denuncias publicadas por el diario local El Potosí consiguieron que se cambie al presidente nacional y al gerente regional de la Comibol, la explotación de óxidos de la cúspide del Cerro Rico se medía en decenas de toneladas diarias.

Los españoles nunca llegaron a tanto.

 

Leyenda sobre leyenda

 

 

Si el Cerro Rico de Potosí era una deidad, una diosa, ¿cómo fue que los naturales del lugar aceptaron que se le explota, que se viole a la divinidad?

En el prólogo de su compilación sobre Potosí, Mariano Baptista Gumucio nos recuerda la versión más difundida sobre el cerro y sus minerales:

“Cuenta una leyenda del incario que habiendo llegado Huayna Cápac, uno de los soberanos más esclarecidos que tuvo el imperio, hasta las cercanías de la montaña conocida con el nombre de Sumac Orcko (Cerro Hermoso), en un recorrido por sus dominios, no ocultó su asombro ante la imponente mole y ordenó su explotación con el fin de acrecentar los tesoros de los templos. No bien empezaron los nativos a trabajar los ricos filones de plata, llegó a sus oídos una estruendosa voz que decían ‘no saquen la plata de este cerro porque es para otros dueños’”.

Pero Baptista lo dice claramente: esa versión es una leyenda y resulta curioso que, pese a su evidente fantasía, haya sido incorporada incluso a algunos textos de historia y todavía se maneje como el origen de la explotación del cerro y, consiguientemente, de Potosí mismo.

Una leyenda es  una “narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición” o un “relato basado en un hecho o un personaje reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración”. Se basa en la tradición oral pero puede pasar al papel. Eso es lo que ocurrió con la leyenda sobre la plata del Cerro Rico.

La versión del cerro que brama aparece escrita por primera vez en 1585, en el informe que el sevillano y propietario de ingenios Luis Capoche le dirige al virrey del Perú Hernando de Torres y Portugal. Allí, el español escribió que “el Inca “mandó que no se labrase (el cerro); y que los indios oyeron voces en el aire que decían que para otra gente mejor estaba guardado y que habían de sacrificarle más que ellos o por serles ignoto y no sabido su valor y riqueza, teniéndola Dios guardada y oculta tantos siglos para remedio y socorro de nuestra nación”.

La versión fue copiada cinco años después por el sacerdote jesuita Pablo Joseph de Acosta que la publica en su “Historia Natural y Moral de las Indias” prácticamente con las mismas palabras, y sin citar fuente, en algo más parecido a un plagio que a una cita. Como esta obra se convierte en un éxito editorial de su época, es reeditada al año siguiente y una tercera edición, ya madrileña, sale en 1608. Con esas publicaciones, la leyenda plagiada se convirtió en el principal referente del origen de la plata del Cerro Rico.

A España, la versión le cayó muy bien. Si el Cerro Rico era una deidad, que haya sido la propia montaña la que diga que su riqueza estaba destinada a “otros dueños”; es decir, a los españoles, ayudaba a justificar su explotación.

 

 


Y de Potosí, como la plata, ha llegado Juan José Toro, a quien tanto debía(mos)…

 

Por: Ildefonso Olmedo (*)

 

 

Cuando le pregunto a Juan José Toro, al recibir su inesperada llamada telefónica, cómo es que ha venido a Madrid y ha sido acogido por Reporteros Sin Fronteras (RSF), me da una breve explicación, dos fechas y un prólogo explosivo. “La primera paliza fue el 31 de diciembre de 2018. La segunda, el 7 de octubre de 2020… La dinamita en el periódico (El Potosí) fue antes de que me encargaras el trabajo de ubicar a Mario Terán». Y todo por su Spotlight particular. Osó querer arrojar luz sobre trabajos clandestinos de minería que provocaban derrumbes en la zona prohibida del Cerro Grande de Potosí, del que salió la plata para el imperio español a partir del siglo XVI.

Toro, el gran reportero al frente del diario El Potosí, que sigue saliendo milagrosamente en papel en la ciudad imperial, ha venido a España porque otros colegas desde Europa vieron que corría peligro en su país, Bolivia. Junto a él, el programa de RSF protege también este año a tres latinoamericanos más, de Colombia, El Salvador y México. Aquí tendrán un respiro. Un camino temporal de salvación.

Juan José Toro es amigo desde hace unos años. Un compañero de viaje que me ha regalado este maravilloso oficio de contar historias y que es mucho mejor que trabajar, que decía con socarronería un viejo reportero fundador de EL MUNDO.

Encontrar, y poder contarlo, al hombre que mató al Che nos unió profesionalmente para siempre, aunque mediara la mar océana entre nuestras orillas. Fue Toro quien puso cara, nombre completo verdadero y ubicó al militar, después de año y pico de pesquisas, en la ciudad de Santa Cruz. Y juntos logramos entrevistarle. Sacamos al soldadito boliviano (así se le presentaba en el poema de Nicolás Guillén que musicalizó Paco Ibáñez) de las sombras donde se camuflaba desde aquel 9 de octubre de 1967 en que disparó a Ernesto Che Guevara en la mísera escuela de La Higuera.

Habían pasado 47 años y el sargento Terán, que se jubiló como suboficial mayor y el día de nuestro encuentro cumplía ya 72, jugaba al escondite con las palabras. Es él. No es él. Verdad. Mentira.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes, señores...

Abrió la reja, que chirrió como saludando también. Entramos preguntando si los perros eran mansos y él dijo que sí.

Llegamos al pequeño porche donde había algunos asientos y nos preguntó si queríamos hablar ahí o adentro, en la salita. “Mejor adentro que está más fresco”... Entramos, nos sentamos e iniciamos una charla de 23 minutos y 32 segundos con Mario Terán, el hombre que mató al Che Guevara. Lo consideraba un invasor.

Todo fue de vértigo en aquel proyecto periodístico que arrancó con una noticia deslumbrante: médicos cubanos (de la Revolución) devuelven la vista al soldado que mató al Che. «Es falso... Nunca he estado ciego», nos contaría él. En Crónica preparábamos una serie sobre los más célebres desaparecidos de la Historia. Y no habría mejor cumbre para una saga así que dar con quien mató al guerrillero más icónico del siglo XX.

No resultó nada fácil dar en Bolivia con el gran buscador. Hasta tres colegas desistieron antes, dando por imposible la misión de saber qué había sido delbsargento Mario Terán Salazar, que así se llama al completo el escurridizo personaje. Durante largo tiempo seguir su rastro fue como querer asir a un fantasma.

Hasta que llegó Juan José Toro.

Era noviembre de 2014 cuando, tras año y pico de llamadas, emails y un viaje relámpago a Santa Cruz desde Madrid, gritamos ¡Eureka! [La portada dominical de EL MUNDO del día 26 lo recogería a toda página, con foto del anciano tras un enrejado y un título directo: El hombre que mató al Ché]. Cerramos aquel día de la entrevista comiendo lagarto en La Casa del Camba. Fue el final de una persecución automovilística por el segundo anillo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, pues se ve que un tipo con la cara marcada con vitíligo quería matarnos.

Después lo narró con todo detalle en El Potosí, su periódico, Juan José, incluyendo aquel sonido que nunca sabremos si fueron tiros de verdad o fruto de nuestra sugestión de perseguidos. Como en la película, fueron horas (en lugar de un año) que vivimos peligrosamente. La persecución y los disparos (verdaderos o presuntos), quedaron en mi quehacer como un acontecimiento extraordinario.

En el de Toro, episodios similares son (a las golpizas me remito) más frecuentes de lo que cualquier médico recomendaría.

Por eso Toro, el informador al que apasiona cualquier reto profesional, ya sea periodístico o histórico, vive ahora refugiado en España y contemplaba días atrás casi con éxtasis el cuadro La entrada del arzobispo virrey Morcillo en Potosí, de 1716, de Melchor Pérez de Holguín, en el Museo de América. Entre todos tenemos que mantener a salvo al periodista de las dos palizas. Cuando se asomó al Cerro Grande de Potosí husmeando derrumbes y la gran historia, descubrió que no siempre, cuando el periodismo es capaz de arrojar luz en zonas que poderosos o mafiosos mantienen en sombras, las cucarachas huyen despavoridas. A veces toman cuerpo amenazante y como el gigante en los cuadros de Goya pueden devorar a los hombres que llevan linterna. El mejor sueño del periodismo en ocasiones, sí, despierta monstruos.

—¿Ser un buen periodista te puede matar hoy en un país como Bolivia?

—Ser buen periodista significa no alinearse con ningún partido político, pero eso (allí) te deja en la indefensión y te convierte en un blanco.

—¿Ahora te sientes a salvo?

—Sí.

Lo dice en Madrid, porque de Potosí, como la plata, ha llegado el valiente Juan José Toro, a quien tanto debemos. 

 

(*) Ildefonso Olmedo es editor del suplemento Crónica del diario El Mundo, de España. 

..........

Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.



LO MÁS LEÍDO

Estas son las conclusiones del COEM en Potosí para el mes de mayo
Estas son las conclusiones del COEM en Potosí para el mes de mayo
Local
07 May 2021

Estas son las conclusiones del COEM en Potosí para el mes de mayo

Danitza, otra víctima de su pareja, fue golpeada y estrangulada; suman 42 de feminicidios
Danitza, otra víctima de su pareja, fue golpeada y estrangulada; suman 42 de feminicidios
Nacional
11 May 2021

Danitza, otra víctima de su pareja, fue golpeada y estrangulada; suman 42 de feminicidios

El Potosí lamenta comunicar el fallecimiento de Iván Rodríguez
El Potosí lamenta comunicar el fallecimiento de Iván Rodríguez
Cultura
08 May 2021

El Potosí lamenta comunicar el fallecimiento de Iván Rodríguez

Intendencia Municipal clausuró dos locales sin normas de bioseguridad: había casos positivos de covid
Intendencia Municipal clausuró dos locales sin normas de bioseguridad: había casos positivos de covid
Local
10 May 2021

Intendencia Municipal clausuró dos locales sin normas de bioseguridad: había casos positivos de covid

Dos municipios potosinos están en riesgo alto de coronavirus, según el ministerio
Dos municipios potosinos están en riesgo alto de coronavirus, según el ministerio
Local
07 May 2021

Dos municipios potosinos están en riesgo alto de coronavirus, según el ministerio

Intendencia Municipal interviene fiesta juvenil, había más de un centenar de participantes
Intendencia Municipal interviene fiesta juvenil, había más de un centenar de participantes
Local
12 May 2021

Intendencia Municipal interviene fiesta juvenil, había más de un centenar de participantes

Deporte

Jueza pone en vilo final de Recopa Sudamericana y duelo de Libertadores en Brasilia

Jueza pone en vilo final de Recopa Sudamericana y duelo de Libertadores en Brasilia

Jueza pone en vilo final de Recopa Sudamericana y duelo de Libertadores en Brasilia
Alemania se complica el camino a Catar-2022

Alemania se complica el camino a Catar-2022

Alemania se complica el camino a Catar-2022
Baldivieso asegura sentirse humillado por la dirigencia de Palmaflor

Baldivieso asegura sentirse humillado por la dirigencia de Palmaflor

Baldivieso asegura sentirse humillado por la dirigencia de Palmaflor
Bolivia queda en deuda con derrota ante Ecuador

Bolivia queda en deuda con derrota ante Ecuador

Bolivia queda en deuda con derrota ante Ecuador
Julio César Baldivieso no va más en Palmaflor

Julio César Baldivieso no va más en Palmaflor

Julio César Baldivieso no va más en Palmaflor
Farías afirma que hay crecimiento en la selección boliviana

Farías afirma que hay crecimiento en la selección boliviana

Farías afirma que hay crecimiento en la selección boliviana
Chile y Bolivia juegan hoy un partido amistoso

Chile y Bolivia juegan hoy un partido amistoso

Chile y Bolivia juegan hoy un partido amistoso
Soria busca a los reemplazantes de Montero y Álvarez para el partido ante Real Santa Cruz

Soria busca a los reemplazantes de Montero y Álvarez para el partido ante Real Santa Cruz

Soria busca a los reemplazantes de Montero y Álvarez para el partido ante Real Santa Cruz
César Farías gana 33 mil dólares más que Lionel Scaloni, el DT de Argentina

César Farías gana 33 mil dólares más que Lionel Scaloni, el DT de Argentina

César Farías gana 33 mil dólares más que Lionel Scaloni, el DT de Argentina