En una tumba sin nombre y, en lugar de flores, algunas hierbas crecidas por la humedad y el descuido, se encontraban los restos mortales de Miguel Alandia Pantoja, uno de los muralistas bolivianos más reconocidos del siglo XX, que yacían en el mausoleo de los evadidos de la Guerra del Chaco desde el año 1975.
Después de 45 años, la familia de Alandia aceptó la idea de exhumar los restos del destacado pintor para cremarlos y posteriormente trasladar sus cenizas al Museo de la Revolución Nacional, donde descansará junto al Triunfo de la Revolución y el Voto Universal, dos de sus murales más emblemáticos.
Hace aproximadamente cinco años, el entonces custodio del Museo de la Revolución, Carlos Cordero, tomó la iniciativa de “trasladar los restos al museo o, por lo menos, ponerle una lápida en el nicho, ya que se encontraba olvidado”, explicó.
“Ya existe un espacio para poner la urna en el Museo de la Revolución de la plaza Villarroel. Ahora, como justo reconocimiento, el artista estará en un lugar admirable al lado de su obra”, anunció.
