Está acreditado que jugar a patear una pelota es una práctica milenaria con trazas que se remontan a relieves de la antigua Grecia. Y no admite discusión que las reglas del fútbol moderno emanan de la Football Association inglesa, creada en 1863.
Más incierto es el origen del futbolín, un divertimento en el que cuatro jugadores reclinados sobre una mesa hueca con patas mueven unas barras de metal a las que hay adheridas figuras humanas con las que golpean una bola del tamaño de una ciruela para meter gol en la portería contraria.
La paternidad de ese entretenimiento universal, que se cree nació a finales del siglo XIX o inicios del XX, se la disputan el español Alejandro Finisterre, el francés Lucien Rosengart, un suizo llamado Knicker, un belga conocido como señor Staav, el británico E.J. Lawrence y el juego se puede adquirir entre 35 y 4.300 euros (de $us 39 a 4.800) en función del tamaño y la calidad.
