Hoy Bolivia vive el Día Nacional del Peatón y del Ciclista en Defensa de la Madre Tierra. Por unas horas, nuestras ciudades están libres de vehículos motorizados y las calles se convierten en espacios para caminar, pedalear y compartir. La jornada tiene una finalidad legítima: reducir temporalmente la contaminación y recordar que la ciudad no pertenece únicamente a los automóviles.
La iniciativa nació en Cochabamba en 1999 y fue adoptada para todo el país mediante la Ley 150, en 2011. Su lógica era sencilla: una paralización simultánea en todo el territorio permite reducir la contaminación durante esa jornada. No soluciona el problema, pero sí lo atenúa.
El asunto cambia cuando una medida nacional se multiplica mediante decisiones municipales.
Cochabamba llegó a establecer tres jornadas municipales, además de la nacional. Mediante la Ley Municipal 110/2016, Potosí fijó tres fechas adicionales, en marzo, junio y diciembre. Sumadas a la nacional de septiembre, son cuatro jornadas al año.
Sucre también llegó a establecer cuatro: abril, junio, septiembre y noviembre. Pero su experiencia demuestra que estas decisiones pueden revisarse. Y esa posibilidad debería abrirse también en Potosí.
No se trata de enfrentar al peatón con el automóvil ni al medioambiente con la economía. Se trata de reconocer que una restricción de circulación no afecta a todos por igual.
Para muchas personas, un domingo sin vehículos es una oportunidad para pasear, hacer deporte o disfrutar de una ciudad diferente. Para otras, en cambio, es un día de trabajo. Numerosos comerciantes, especialmente del sector informal, dependen de las ventas de cada jornada. Muchos viven lejos de sus negocios y necesitan transporte para llegar hasta ellos o trasladar mercadería.
Cuando se prohíbe la circulación, no todos pueden simplemente caminar hasta su lugar de trabajo. Para algunos, la consecuencia es no trabajar y, por tanto, no generar ingresos. Un domingo puede ser recreación para unos y sustento para otros.
Existe también un problema de movilidad entre ciudades. El calendario de jornadas municipales ha producido una sucesión de fechas que obliga a viajeros y transportistas a saber dónde y cuándo rigen restricciones. Si a ello se suman los bloqueos, el resultado es un escenario que perjudica al comercio y al turismo, actividades particularmente importantes para Potosí y Sucre.
Por eso, mientras hoy corresponde participar del Día Nacional, cabe plantear una pregunta: ¿son necesarias tres jornadas municipales adicionales en Sucre y Potosí?
La respuesta debería surgir de una evaluación de sus resultados ambientales y de sus costos económicos y sociales. Si se quiere combatir la contaminación, hay que actuar también sobre el transporte público, las emisiones y el parque automotor. Si se quiere una ciudad para las personas, hay que mejorar aceras, espacios públicos y condiciones de movilidad.
El Día Nacional tiene, además, una característica que las jornadas municipales no poseen: compromete simultáneamente a todo el país. Esa condición le da un sentido ambiental que difícilmente puede alcanzar una prohibición aplicada solamente en una ciudad.
Hoy, disfrutemos la jornada y aprovechemos sus beneficios. Pero que este domingo sirva también para abrir una discusión pendiente.
Cuidar la Madre Tierra es obligación de todos, pero también lo es cuidar las fuentes de ingreso. El peatón merece calles libres de contaminación; el trabajador merece poder llegar a su puesto.
Las políticas públicas responsables deben ser capaces de conciliar ambas necesidades.
