Un artículo de ERBOL (3-05-26), publica algo que eriza la piel y es una realidad que sufre todo el altiplano, encerrado en la cuenca llamada también endorreica, porque, por lo general, sus aguas no salen a los océanos y año tras año, quedan atrapada en su interior y solo desaparece a través de la evaporación o la infiltración en el suelo; es decir que al no tener salida hacia otra cuenca fluvial, ni hacia el mar delata la fragilidad eco-ambiental de toda esta región, en cuyo suelo que abarca el 13,2% del territorio nacional (Potosí, La Paz y Oruro), el peligro a la salud de los seres vivos por contaminar estas aguas, constituye un peligro ambiental sin precedentes, porque, sectores como la minería hace que todos sus desechos de metales pesados, se acumulen y concentren en el suelo y acuíferos del Altiplano, convirtiéndose en un arma mortal que acaba con la vida.
El mencionado artículo, está en sintonía con lo dicho; tiene que ver con el reciente fallo del Tribunal Agroambiental, a través del Auto Agroambiental Plurinacional S1 N° 017/2026, que ha confirmado la sentencia que condena a la empresa Manquiri, por la degradación de cuatro lagunas esenciales para el suministro de agua potable en Potosí y su contaminación.
Resaltamos la valentía de José Vasquez que, en este artículo, resalta de la sentencia, aquello de que el discurso de la “minería responsable” de la Empresa Minera Manquiri S.A., es la causante de la contaminación de fuentes hídricas vitales para la ciudad de Potosí. Tras años de impunidad técnica y operativa, el Tribunal Agroambiental ha ratificado un fallo que obliga a la empresa a restaurar las lagunas Ulistia, Phisco Ckocha, Lobato y Chalviri, contaminadas con metales pesados.
Expresamente, se puede leer: “Los peritajes técnicos demostraron que la empresa vulneró los límites permisibles de metales pesados y detectaron la presencia de cianuro libre en los sedimentos de estas fuentes que abastecen a casi la mitad de la población potosina. El juez ha dictaminado un plazo de cuatro meses para que la empresa ejecute un plan de restauración total, estableciendo un precedente vital para la protección del derecho humano al agua. El mecanismo de contaminación es directo: el polvo tóxico proveniente de las gigantescas presas de colas secas de la empresa es transportado por el viento hacia los cuerpos de agua, mientras que las filtraciones de sus procesos de lixiviación alcanzan las lagunas”.
El artículo de ERBOL, también enfatiza que: “El riesgo de que el cianuro y los metales pesados sigan la ruta de la expansión operativa de Manquiri, es una realidad que los comunarios de los alrededores de Potosí, denuncian sin que sean escuchados. La esencia de su negocio en Potosí no es la minería de socavón, sino el procesamiento de «pallacos, sucus y desmontes» (material residual acumulado por siglos en las faldas del Cerro Rico) mediante el método de lixiviación por cianuro. Originalmente, el proyecto San Bartolomé fue presentado como una solución ambiental que “limpiaría” los pasivos históricos de la montaña. No obstante, la realidad ambiental, validada por el dictamen del Tribunal Agroambiental demuestra que la remoción de estos suelos a gran escala ha generado nuevos y más peligrosos focos de contaminación.
Emociones de impotencia, tristeza, ironía, etc., se mezclan a la hora de observar cómo los habitantes potosinos del departamento, replican lo que acontece en su capital. Día a día se puede ver como las aguas de sus riachuelos, son afluentes de grandes ríos que recorren y riegan las áreas que producen alimento que consumen los bolivianos, como el Pilcomayo.
El Centro Nacional de Información Biotecnológica, (National Center for biotechnology Information), citando a varios investigadores, señala que: “El cianuro es un veneno de acción rápida que bloquea la capacidad de las células para utilizar el oxígeno, provocando la muerte celular en minutos y afectando gravemente al sistema nervioso y al corazón”. Que tiene efectos cardiovasculares, renales, hepáticos, hematológicos, gastrointestinales, endocrinos, dérmicos, oculares y otros”. Sin embargo, esto a la hora de seguir lucrando, en este caso en las faldas del Sumaj Orcko, al mismo tiempo de destruir este recurso que es Patrimonio del Mundo, no cuentan para nada. Como siempre, como son empresas extranjeras, ellos se irán dejando desolación contaminación y pobreza.
Vasquez, recorre en el tiempo, recordándonos que, “originalmente, el proyecto San Bartolomé fue presentado como una solución ambiental que ‘limpiaría’ los pasivos históricos de la montaña. No obstante, la realidad ambiental, validada por el dictamen del Tribunal Agroambiental demuestra que la remoción de estos suelos a gran escala ha generado nuevos y más peligrosos focos de contaminación. Para nadie es desconocido que el modelo con el que opera la Empresa Minera Manquiri, se basa en acuerdos con cooperativas mineras que entregan sus áreas a la transnacional, permitiendo que esta empresa controle la cadena de valor mientras elude responsabilidades sociales directas”.
Concluye su artículo señalando que: “La plata potosina sigue alimentando las cuentas en Toronto, mientras los habitantes del Sumaj Orcko se quedan con el sedimento que les envenena y por ley, la empresa debe intentar reparar” El fallo da cuatro meses para que la empresa repare este atentado, pero, seguro dirá, después de ese tiempo, que todo está solucionado y, empezar nuevamente con su “minería responsable” en otros lugares del extenso territorio de los andes. Algo que, mientras la permisividad y la razón de los potosinos siga como está, seguirá ayudando a destruir a la par, la estructura del Cerro Rico, ahora con más bríos que antes.
