Bolivia históricamente ha basado su economía en la extracción de minerales principalmente, pero, solo en el sector primario, es decir, producir y vender materias primas que, en definitiva, han causado impactos ambientales, sociales y económicos no favorables para el país, en especial para las regiones productoras; Potosí se lleva la flor en esto. Ahora los potosinos, se enfrentan a nuevo dilema cuando, se pretende explotar el litio contenido en el Salar de Uyuni, un recurso natural de tal belleza que le hace único en todo el planeta.
Coincidentemente a los ojos de los expertos en turismo, el Salar de Uyuni se constituye en un fenómeno mundial, puesto que es un atractivo turístico de primer nivel, sin par en toda la tierra, por lo que amerita su cuidado y conservación. En pasados días, Matijasevic, consultor internacional (elmundo.com.bo), aseguraba que “Bolivia podría generar mayores ingresos promoviendo el Salar de Uyuni como destino turístico en lugar de centrarse en la explotación del litio”. Haciendo acepción de lo señalado, creemos fervientemente que es una verdad irrefutable.
El sector de la minería, que hay decirlo, deja huellas irreversibles en la cuenca del altiplano, en donde las aguas que surcan sus escasos ríos superficiales y subterráneos, año tras año, no salen ni al Pacífico ni al Atlántico, constituyendo un ecosistema cerrado muy delicado. Lamentablemente estas aguas que son consumidas por los habitantes de tres de los departamentos: Potosí, La Paz y Oruro, han sufrido las consecuencias de la alta contaminación que a lo largo del tiempo ha generado el sector minero; esto para nadie es desconocido. Lo que se viene con el Litio, no cambia para nada esta realidad, cruenta y oscura.
Los antecedentes históricos nos demuestran que, más allá de trabajo el sector minero, poco son los beneficios que ha dejado para el país; dejando más bien muchas secuelas sociales, culturales y, principalmente en el tema salud; la realidad de los centros urbanos productores son el espejo de esto. Si uno se da el trabajo de visitar los oncológicos de varias ciudades capitales, la realidad es dura y cruda, cuando niños y mujeres provenientes de las minas atiborran estos centros; nosotros en carne propia, vivimos esta pesadilla.
En la década de los 80 del pasado siglo, cuando el turismo repuntaba como una actividad económica para todo el Sud Oeste potosino, a nombre de capitalización se hizo un daño irreparable, destruyendo el principal medio de transporte como fueron los ferrocarriles. Ahora, frente a la maravilla que nos presenta y nos representa el magnífico Salar de Uyuni, que se constituye en el atractivo turístico más importante que tiene Bolivia al presente, el turismo, como actividad terciaria, muy bien gestionada y administrada, se ha posicionado como la principal vocación de las provincias del lugar. Subrayar que el turismo esta promoviendo y, de una y otra manera, preservando este patrimonio natural de los pueblos del sur; al mismo tiempo de generar divisas y fuentes de trabajo, muestra al mundo entero el patrimonio cultural y la identidad; porque el Salar de Tunupa, también es ancestral.
La decisión de explotar el litio, responde a una decisión seria, responsable y madura. Esta comprometida no solo la economía de todos los bolivianos. Las secuelas ambientales, sociales y culturales, a la hora de tomar decisiones tienen que formar parte de la agenda de negociación; pero no solo de parte del Estado, también de las organizaciones vivas del departamento de Potosí; porque se juega con esto el futuro de este departamento, vilipendiado y explotado solo por extraños. La premisa “si al turismo, no a la minería” gana cada vez más terreno por todos los antecedentes señalados y por señalar.
