El ser humano ¿entiende el privilegio de estar vivo? ¿Tiene la capacidad de comprender su relación directa con la Madre Naturaleza? ¿Conoce que le brinda alimento, sustento, cobijo y todo lo mínimo que necesita para vivir? ¡Al parecer no! Si fuera así, no actuaría como lo viene haciendo: matando, despojando, contaminando aquello que resulta ser su propia morada, además, destruyendo a su propia ascendiente.
Mirar nuestro cielo, hasta hace poco considerado: “el más puro de América”, conmueve hasta lo más profundo del alma humana; no es casual que ha tiempo de escribir este artículo, vengan acompañados de algunos sentimientos de impotencia, de dolor y pesadumbre que, de seguro, igual rasga el corazón de la mayoría de los bolivianos, pues, ver cómo se afecta y destruye la naturaleza de un país, es inconcebible. Todo lo hace el animal más inteligente del planeta que, justifica su acción, porque las leyes están escritas para esto, autorizando la quema para ampliar la frontera agrícola y ganadera, con una visión enteramente antropocéntrica.
Como poder definir al hombre que contamina agua y suelo sin consideración alguna; aquel que incendia su propio hogar; haciendo cada vez más difícil encontrar un río y un lago con agua limpia, tierras fértiles y sanas, aire limpio y, agotando los recursos hasta límites no permitidos. El enfoque desarrollista arrasa con todo; con la cultura, las nacionalidades y las fronteras. El individualismo teñido de ambición y maldad se impone frente a la naturaleza.
El artículo 33 de la CPE señala que las personas tienen derecho a un medio ambiente saludable, protegido y equilibrado. ¿Cómo explicar a las nuevas generaciones el geocidio y biocidio que hace el hombre moderno, todo con el afán de riqueza y poder? Destruir millones y millones de hectáreas de bosques, de pastizales, de selva virgen, de áreas protegidas, no es casual; responde a mentes enceguecidas, enfermas y ambiciosas; gentes sin escrúpulos y sin valores; gentes que no tienen pasado ni futuro, solo presente; personas que de seguro no entienden el concepto VIDA porque, en su corta existencia destruye y mata sin piedad a miles de especies de animales, plantas, alimentado por la ecofobia que es el miedo irracional y rechazo al medio ambiente.
Más allá de que el Gobierno incremente pecuniariamente por la quema por hectárea incendiada, esto cae saco roto, porque es un tema de fondo, de políticas públicas que solo puede detenerse, cambiando la normativa radicalmente, dejando o reglamentando la autorización de los desmontes, supuestamente con la finalidad de ampliar la producción de alimentos de origen agropecuario para garantizar la Soberanía y Seguridad Alimentaria. Como corolario, aprovechando esta coyuntura, los productores de transgénicos se aprovechan y pretenden ampliar la frontera agrícola, para envenenar a los bolivianos con productos prohibidos en los países desarrollados.
Con una mirada diacrónica, vemos que el fuego va más allá de su propia concepción; significa comunidad para los pueblos ancestrales de estas regiones. En su entorno, una vez asimilado y adoptado, da lugar a la creación de la vida en comunidad; representa, por lo tanto, un símbolo de unidad y compromiso; aquella relación e interacción holística con el hombre, da lugar a la génesis de la memoria e identidad de cada pueblo.
La sabiduría de las comunidades ancestrales respecto a la naturaleza eras inconmensurable; vivían en armonía y equilibrio con la naturaleza y todos ser vivo, conocían y sabían manejar y controlar los cuatro elementos más importantes que tiene la tierra: el agua, el suelo, el aire y el fuego; cada uno a su turno en su beneficio; este último lo utilizaban racionalmente, para conservar el ecosistema, eliminando insectos nocivos, plantas enfermas, arbustos y árboles que cumplieron su ciclo, con esto, poder aumentar la luz que llega al suelo, permitiendo que crezcan sus semillas; también dando paso a aumentar la cantidad de diversidad de plantas y animales en un ecosistema y otros beneficios.
Sin embargo, la cultura y las costumbres no son estáticas, de esto también estaban conscientes las culturas nativas, acomodándose más bien a propuestas dinámicas(evolutivas) y holísticas. por esto, esas prácticas han cambiado y evolucionado constantemente. “Son ancestrales y milenarias no porque sean parte de la historia anclada en el pasado; al contrario, son sociedades con códigos de vida basados en la vivencia que se renueva y que mantiene vigencia. Las hijas e hijos de la Madre Tierra vienen de tiempos largos e historias muy profundas” (Choquehuanca. 2022).
Hoy, el hombre moderno ha perdido ese vínculo cultural con el fuego y los otros elementos; mirándolos como algo utilitario simplemente; aquella mirada identitaria está a punto de consumirse definitivamente; es más, el fuego forma parte de acciones totalmente contrapuestas a las tradiciones ancestrales centradas en el biocentrismo que, respetaba y conservaba a la naturaleza ; es decir, ya no cuida y protege al medio ambiente, más bien el hombre lo utiliza para sacar rédito personal (antropocentrismo), destruyendo aquello que permite la subsistencia del ser humano, los animales y las plantas. La tierra, como concepción traída hace 500 años atrás, forma parte y es el actor principal de ese apetito voraz para conseguir sin ningún tipo de escrúpulo, riqueza y poder.
Cenizas, humo, miedo y mala salud arrasan con todo; a diferencia del pasado, representan una combinación letal, similar a la pandemia del covid19. Cada año, en esta época, con el pretexto de chaqueos (quemas) para preparar el terreno para la siembra o para la crianza de ganado, dan paso a focos de calor, creando el mismo infierno sobre la tierra; lo que es peor, matando y destruyendo todo indicio de vida, cuando no, toda la biodiversidad que tienen los bosques en Bolivia.
Estos fuegos planificados tendrán consecuencias inmensas en el futuro inmediato, además de la destrucción de tierras agrícolas, la pérdida de la vegetación, degradación del suelo, erosión del suelo, la contaminación del agua de los ríos, lagos, represas, deslizamientos de tierra, etc., son una fuente importante de emisión de carbono, contribuyendo al calentamiento global de la tierra que afectará a todos. Conocemos que los bosques de toda la Amazonía, cumplen con roles nobles como: regular la humedad, el calor del planeta, propiciando las lluvias, etc., sin embargo, al dejar de existir, cambiará las condiciones climáticas, escasearán las lluvias, por lo tanto, el agua, se convertirá en un problema de magnitud universal que, de no prever, las regiones sufrirán grandes consecuencias.
Cómo puede uno explicar este daño ecológico a la Madre Tierra, algo que solo puede concebido en mentes desquiciadas y enfermas, que respondiendo a interés económicos y políticos, sin ningún tipo de valores éticos y morales, destruyendo su hábitat, contaminando diferentes fuentes y cursos de agua; dicho sea de paso, ya muy afectados y agravados estos últimos por la minería ilegal que, usando el letal mercurio, causan un daño irreversible a la Madre Naturaleza.
El hombre moderno, extraviado en sus elucubraciones individualistas, cada vez más egoísta y A falta de valores, deja de ver a la naturaleza y los maravillosos ecosistemas que posibilita lo más preciado que se tiene: la existencia. Nuestros abuelos, amaban, cuidaban al territorio, este no solo era la fuente de sus alimentos, también significaba ser la fuente de su ser, dando paso a crear su propia historia, su identidad, sus saberes y su religión. Aquella forma de cosmología y cosmovisión es digna de recuperarla a fin de salvar a la tierra herida de muerte.
