“El ejemplo no es la única forma de enseñar, es la mejor”
Albert Einstein
Vivimos la crisis del sistema occidental impuesto por todo el mundo desde el siglo XVI. Ese occidente cristiano - marxista, que perdió el rumbo de la historia y sus feligreses: curas, monjes, monjas, izquierdistas de toda laya y creencias, han perdido el sentido de la palabra y la ética. Curas que rezan de memoria y son los más malvados en la vida real. Anti cristianos militantes, abusadores de menores, ladrones, coloniales, destructores de las enseñanzas de Cristo.
Pero, de la misma manera, muchos izquierdistas discursean de memoria los supuestos principios de la izquierda; y son los más ignorantes y desgraciados respecto de los principios de Marx, o del Ché Guevara. Corruptos, sin respeto a las bases, elitistas, racistas en sus prácticas políticas, burócratas y absolutamente lejos de las aspiraciones de sus pueblos, de las aspiraciones de cambios, lejos de los sacrificios de las bases.
También penosamente, dirigentes sociales convertidos en pongos elitistas, que sólo buscan como estar cerca del poder para corromperse a como de lugar, alejados de las consideraciones comunales, de los conocimientos culturales ancestrales. Utilizados para el discurso de hora cívica, encubriendo las realidades politiqueras del beneficio personal y egocéntrico. Pues, destruyendo lo poco de las herencias ancestrales.
Aquella consigna educativa, de que en realidad la verdadera enseñanza es con el ejemplo, en todos los campos de las ciencias, la vida, la familia, de las religiones, de la política. Porque el ejemplo es la mejor didáctica que resume mil conferencias teóricas, siendo éticamente el mejor taller de ilustración en cualquier campo. Las palabras pueden ser engañosas y tramposas, como en estos tiempos burdos y corruptos. Las palabras bonitas pueden encubrir peligrosas formas de engaño, como en la política. De hecho, hoy la palabra ha sido vaciada de todo contenido posible, y muchas veces ya no significa nada. Son discursos de hora cívica, engañosos y peligrosamente encubridores de hechos corruptos o torcidos en las prácticas cotidianas.
El mundo requiere volver a buscar y encontrar el sentido de las palabras. Volver a llenar de contenidos que expresen realmente lo que se quiere en las prácticas cotidianas. Ese duro proceso sólo será posible cuando se muestren las cosas en las prácticas reales y concretas. Es decir, con personas concretas que sepan enseñar con el ejemplo. Que los políticos actúen en consecuencia, no hablen. Que en lo posible se callen y actúen lo que piensan.
En consuelo, por supuesto, que hubo y hay personas a lo largo del mundo que en silencio enseñan con el ejemplo. Hace poco murió uno de ellos, político él. Era Pepe Mujica. Ese maestro que dio cátedra con el ejemplo, de cómo servir a las bases. Quizás la historia tradicional le considere un ingenuo o tonto, pues teniendo la oportunidad del poder no robó ni se enriqueció como la mayoría. Sin embargo, ese legado es importante para la izquierda de todo el mundo. Ese legado práctico y teórico es necesario para enseñar que otro mundo, más justo, es posible en este planeta.
Cierto que hay santos en las religiones que son ejemplos. No necesitan propaganda ni escritos de alabanza. Pocos en este mundo hoy corrupto y degradado hasta los tuétanos. Pero felizmente también con personas coherentes, que siguen buscando la realización humana con sus prácticas y siendo ejemplos desde lo más pequeño. Arrinconados por el poder burocrático de las religiones; pero siendo totalmente coherentes con las prácticas concretas.
Enseñar con el ejemplo. No con las palabras. A la izquierda de América Latina le queda demasiado trabajo para recuperar sus ancestros, desde las prácticas, que se quedaron allá en las revoluciones del siglo XX. Donde precisamente eran ejemplos los líderes, los que guiaban a las teorías y a las palabras. Aquellos líderes que se parecían más a monjes que a militantes de izquierda, por sus prácticas de entrega y coherencia hacia sus bases. Pues las bases daban legitimidad acompañados en lo cotidiano por sus líderes. Alejados de la corrupción y las tentaciones del poder, siendo poder. Ese olvido ha sido nefasto para las actuales circunstancias de la política real por todo el continente.
Enseñar con el ejemplo. Recuperar aquellas enseñanzas del pasado, que han sido un día ejemplos de coherencia en la construcción de sociedades más justas y humanas. La complejidad de la historia es sólo una excusa para quiénes sólo hablan y discursean, corrompiendo con las palabras la realidad. Justificando lo injustificable. Destruyendo los tejidos sociales de las maneras más cobardes y brutales, anti humanas y degradantes.
Enseñar con el ejemplo. Esa consigna tan antigua como sabia. Esa didáctica de la vida que requiere ser recuperada por todo el mundo. Porque la separación o el divorcio entre la palabra y los hechos, hoy es terrible y sangrienta. Ese divorcio está destruyendo el mundo, las culturas y la vida misma. Las nuevas generaciones reciben ejemplos de corruptos y asesinos, como si eso fuera lo humano. Reciben los discursos y las palabras de brutales mentirosos y crueles inhumanos.
Enseñar con el ejemplo. Desafío difícil en todo; pero con el sentido real, ético y moral para recuperar aquellos legados perdidos en el tiempo: de ser ejemplo en las construcciones de un mundo mejor y más justo.
