Prácticamente el cien por cien de los jóvenes no tienen oportunidades laborales en Bolivia. Es decir, oportunidades laborales reales y sostenibles. Sumidos en la precariedad total de la informalidad, donde los salarios son muy bajos e injustos, donde no existe seguridad social y donde no hay perspectivas económicas, para soñar algún futuro posible.
Por supuesto que los discursos institucionales, estatales y privados siguen siendo ilusos y engañosos. Poesías de creencias fantasiosas de un futuro juvenil, patriótico y totalmente adornado de bellos futuros en Bolivia. La dura realidad es que la juventud boliviana sólo quiere salir del país, a cualquier lugar del mundo donde haya posibilidades reales de trabajo y sustento. Nada tienen para soñar en este terruño y al parecer a nadie le importa un carajo que eso sea así.
Los que se quedan son en general, los que no tienen otra posibilidad. Las clases altas y medias harán todo lo posible por sacar a sus hijos del país. Las clases medias pobres y populares, tienen que vérselas con la delincuencia, la prostitución, el contrabando, la politiquería criolla y sucia, el narcotráfico y todo el mundo de la informalidad de la economía premoderna boliviana. Es decir, todo el aprendizaje de la terrible realidad de la sobrevivencia.
En Bolivia existen paradojas alucinantes. Cientos de universidades, estatales y privadas, donde también las ilusiones son de novela, cuando no responden a ningún plan o estrategia de desarrollo nacional. Paradojas de cuentos de García Márquez, porque nadie sabe que problemas del país resuelven tantas universidades. Porque es seguro que estas altas casas de estudios superiores, sólo están educando para la incertidumbre generalizada de los jóvenes. Pues sí, la colectivización de la educación boliviana no tiene futuro.
En este engaño colectivo generalizado, desde las instituciones educativas supuestas, los jóvenes son el experimento más atroz de la realidad actual boliviana. Condenados absolutamente a una inoperancia generalizada, junto a la complicidad de la enajenación discursiva acostumbrada a eludir la realidad, para vender ilusiones inexistentes.
Bolivia tiene, desde siempre, enormes potencialidades en casi todo. Pero son sólo potencialidades. Nada es real. Porque la inutilidad junto a la lentitud de las instituciones es la regla general. Nada se resuelve, nada es creíble, nada tiene reglas claras. Todo es difuso y confuso. Las computadoras y la inteligencia artificial de nada sirven en Bolivia.
Este artículo también de nada sirve. Sólo es parte de la protesta e indignación ante el poder de la inutilidad, y el poder de los discursos inútiles; pero influyentes en el adormecimiento de las mentalidades.
Probablemente los jóvenes tengan que hacer su propia revolución en Bolivia. Una que cambie en serio las cosas. Si tienen que colgar mil delincuentes en la plaza Murillo, pues que así sea. Porque la inercia y la ausencia de cambios y novedades, al parecer ya nos ha vencido. Y el fracaso rotundo de todos los experimentos ideológicos, también ha calado hondo. Nada funciona. Todo es inercia, todo es desánimo generalizado.
Por tanto, es realista afirmar que los jóvenes tienen que tomar el destino en sus manos. No depender de nadie, sólo de sus propias fuerzas. Las viejas generaciones nada han hecho bien; aunque se esfuercen en decir lo contrario. Los jóvenes tienen que tomar consciencia que los viejos no dejarán así nomás sus sitios. Es preciso que sean conscientes de ello.
Parchar y parchar la historia tampoco es decoroso. Al final nuestra historia es aparapita en toda índole. Es mejor borrar todo y cambiar en serio todo. Aunque esa hazaña realmente cueste muelas y dolores histórico. Porque sólo los cambios en profundidad han tenido sentido en la historia mundial.
Conozco demasiados jóvenes con bronca objetiva, por lo que nada funciona en nuestro país sino es por lo tradicional y torcido. Que es además para muy pocas personas. La inmensa mayoría tiene que tragarse la impotencia de que nada funciona. Todo sueño no se hace realidad en Bolivia, aun con los esfuerzos supremos y sacrificios supremos.
La ignorancia es también atrevida. No da espacios a los que tienen que aprender, a los que tienen que empezar a buscar sueños en este terruño. Varias veces premiamos a los ignorantes; no a los que se han quemado las pestañas, apostando por las ciencias y el conocimiento universal. Invirtiendo tiempo, dinero y sacrificios de varios años.
Pero bueno. En el país donde nos contentamos con poco, con muy poco. Deberíamos empezar a pensar en el gobierno de los jóvenes, y no caer en las trampas mentales de que les falta experiencia, y otras excusas, que sólo sirven para cerrarles todos los caminos posibles.
En el país donde cambia todo, para no cambiar nada, deberíamos empezar a soñar con estructuras juveniles que nos den otras historias, para enterrar las tradicionales donde los cuentitos bonitos, sólo son engaños para mantener a los mismos desde tiempos inmemoriales.
Ojalá los jóvenes hagan sus propias revoluciones. Que sean radicales en sentido de cambios profundos, para las novedades y la creatividad universal. Necesitamos de novedades e historias como espíritus constructores.
