¿Cómo se está moviendo el mundo hoy? Los dramáticos cambios que se operan en el mundo, son cataclismos que nadie sabe a dónde nos llevan. Ciertamente es una transición muy compleja en el orden económico, tecnológico, industrial, científico y social. Sólo con la irrupción de la inteligencia artificial en la vida diaria de todos los humanos, tenemos muestra de lo que está aconteciendo. En esta coyuntura, los países llamados centrales o industriales se mueven a velocidades de crucero. Considerando también a países como China o India, que ya forman parte de aquellos que sus decisiones influyen en todo el mundo.
En América Latina también se operan movimientos fuertes, para acomodarse de la mejor manera posible en los cambios tectónicos mundiales. Por ejemplo, Chile, Brasil, México, Argentina, Perú y Uruguay, son los más aventajados para las futuras dinámicas externas. Más allá de las posturas ideológicas, siempre estuvieron las estrategias de Estado, los intereses nacionales, como resortes de Estado más importantes que la ideología. Al final, estos países sí tienen institucionalidad de Estado y de sociedad.
Y Bolivia sigue siendo una incógnita histórica, junto a países como Haití, que hasta hoy no se sabe a dónde apunta. Los ensayos políticos e ideológicos nunca terminan en éxitos, sino en todo lo contrario. Incluso en desastres que dejan una estela de muerte, de crisis económicas y desestructuración social, cultural y política. Nuestros especialistas desde siempre tienen materia para sus análisis. Pero, en definitiva, no hemos encontrado la ruta como Nación y Estado para avanzar en beneficio de la sociedad. De hecho, no tenemos Estado en sentido estricto ni institución que nos permita formular y construir estrategias de Estado: corto, mediano y largo plazo.
El último acontecimiento de los bloqueos de caminos, nos ha mostrado que estamos todavía peor que hace treinta años. Racistamente divididos, sin principios de autoridad, moralmente quebrados en lo colectivo e institucional. Considerar que hemos avanzado en la inclusión social, es sólo desahogo débil y consuelo pasajero; pues en lo económico no hubo ninguna inclusión sino algunas medidas sociales absolutamente débiles.
Pero, pues, ya seguir viendo el pasado de manera tradicional y viendo fantasmas por todo lado, no es lo correcto. Necesitamos pistas para salir de este atolladero histórico de nunca acabar. En esa línea, se debe operativizar la formación de nuevas élites para el manejo profesional y eficiente, del Estado y sus complejas madejas en lo institucional. De hecho, hay que construir Estado respondiendo a las necesidades actuales. La pobreza es el lastre más terrible que nos persigue en nuestra historia.
Por otro lado, también se debe reconstruir o construir sociedad civil junto a sus instituciones. No tenemos empresa privada fuerte y estructurada. Lo que tenemos son imitaciones de empresa privada, que vive a costa del Estado o menguando al Estado; pero no realmente una empresa privada competente, poderosa y que sea alternativa al Estado para las nuevas generaciones.
En lo educativo e invisible, donde se mueven los hilos de lo cotidiano, hay que construir nuevas mallas curriculares para destruir los muros culturales racistas y pigmentocráticos, de envidias pordioseras bolivianas. Donde se eduque en el pensamiento liberal, porque en un país como Bolivia la ausencia de liberalismo es brutal sobre todo en sus clases medias y altas, ayudaría en mucho para entender a los distintos, a los culturalmente distintos. Desde la ideología política eso ha sido un rotundo fracaso. Hay que hacerlo desde la educación y de manera agresiva en el buen sentido. De eso ya hemos tenido experiencias mundiales exitosas, después de la segunda guerra mundial. Es simplemente adaptar esos programas o planes a nuestra realidad.
Cierto que reconstruir lo económico es una tarea apoteósica y muy compleja. Sin embargo; desde siempre tenemos enormes potencialidades como la minería, la agroindustria, el turismo, o ahora las nuevas economías que se mueven por las tecnologías de la información. Potencialidades que deben permitirnos crear las bases para las exigencias de las coyunturas mundiales: inteligencia artificial, robótica, industrias alimentarias de punta, etc.
Talento humano tenemos, por el mundo y en Bolivia. Talento humano muy poco exigido, porque el filtro político no es compatible para buscar a los mejores talentos bolivianos. En general lo político prefiere lo ignorante; pero eficiente en las movilizaciones y oscuros movimientos de lo perverso en lo político. La enorme cantidad de universidades que tiene Bolivia, por ahora no sirven para mucho, desde la perspectiva del manejo estratégico del Estado y las posibles empresas privadas.
Realmente no hay por donde perderse, ni hacer teorías brillantes. Es restituir el principio de autoridad que no tenemos hace mucho tiempo. No puede ser que un portero tenga el mismo poder que un gerente. Esa falacia destruye las instituciones y frena precisamente el reclutamiento de los mejores talentos profesionales. Y sobre esa base, pues todo lo que el sentido común nos exige líneas arriba.
Somos la periferia de la periferia. Ni siquiera en América del Sur tenemos presencia sólida y respetable. Nuestros mejores talentos se escapan del país desde siempre, porque nada les puede ofrecer el país sino problemas y conflictos político ideológicos, que sólo ofrecen confrontaciones y sangre. Romper esa maldición es la tarea pendiente y actual. No serán los discursos sino las prácticas reales y eficientes, las que ayuden a salir del atolladero histórico boliviano.
