Bolivia mantiene estables los precios de los combustibles desde hace 19 años, algo que el Gobierno del presidente Luis Arce no está dispuesto a cambiar pese a la tendencia de algunos países en Latinoamérica a realizar ajustes, ya que considera que un alza tendría “un alto costo social”.
El pasado 22 de enero, el mandatario ratificó que su Administración “nunca” levantará el subsidio a los hidrocarburos, que para este año alcanza los 1.400 millones de dólares, mientras que la estrategia estatal consiste en la construcción de dos plantas de biodiésel y otra con tecnología HVO.
A esto se suma el control en las fronteras para evitar el contrabando y que se evite la “fuga” a otros países de los hidrocarburos subvencionados.
El gerente del privado Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, dijo que “el mayor problema” en el país no es el subsidio sino la falta de liquidez de dólares para comprarlos y el declive de la producción de gas natural que incide en la baja elaboración de combustibles líquidos.
