Tras una pandemia del covid-19 que paralizó este año el turismo en Bolivia y que los empresarios calculan un daño de 1.000 millones de dólares, el gobierno lanzó un plan para reactivar el sector, recurriendo a los empleados públicos.
Bolivia tiene una enorme riqueza turística, como el andino Salar de Uyuni, la planicie salina de 10.582 kilómetros cuadrados, el binacional Lago Titicaca y su complejo religioso preincaico de Tiwanaku, o sus reservas naturales, como Toro Toro en el sureste del país.
El ingreso de extranjeros fue en 2019 de 1,47 millones de personas con un gasto individual promedio de 936 dólares, según el estatal Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
La llegada de visitantes se desplomó desde marzo de este año, cuando el país registró los primeros casos de coronavirus. El gobierno de la entonces mandataria Jeanine Áñez decidió el cierre de fronteras terrestres y del espacio aéreo. Además, los viajes internos quedaron suspendidos.
La pandemia deja hasta la fecha 149.770 enfermos y 9.035 muertos, en una población de 11 millones de habitantes.
El sector turístico, asociado en varios gremios, estimó “que las pérdidas totales serán de aproximadamente 1.000 millones de dólares para el año 2020, así como la pérdida estimada de 100.000 empleos directos y 500.000 empleos indirectos”.
El sector del turismo representa de 4% a 5% del PIB nacional, que es de 40.300 millones de dólares.
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