La gestión educativa 2020 va a empezar con una gran novedad: un Plan Nacional de Contingencia Educativa que responde a un viejo pedido: una planificación y un protocolo de actividades para prevenir las violencias en el entorno educativo.
Cada vez que un caso llegaba a los titulares de las noticias se entablaba el debate y lo primero que saltaba a la vista era que no existía un protocolo para atender la violencia dentro de las unidades educativas, por tanto, profesores y directores no tenían un marco bajo el cual ampararse y actuar.
Solo les quedaba atenerse al reglamento interno de cada colegio que en la mayoría de los casos no daba soluciones, por el contrario, solo dilataba la problemática. La gestión 2018 más los primeros tres meses de 2019 dejaron en la Dirección Departamental de Educación (DDE) 26 denuncias de bullying, que no guardan relación con las 3.392 unidades educativas que hay en el Departamento. ¿La razón? Son pocos los que se animaron a llegar más allá en la lucha contra su agresor, alguien que asiste a su mismo colegio, que le quita su dinero para el recreo, que le pone apodos ofensivos, que lo aísla del resto y lo aterroriza al punto de fingirse enfermo con tal de no afrontar otra jornada escolar infernal.
SOCIO-PRODUCTIVO
La educadora Micaela Princiotto explica que cada año desde el Ministerio de Educación se lanzaba un plan curricular que instaba a los maestros a hacer un proyecto socio-productivo que se armaba por red educativa. “Los directores de cada red tomaban cierta temática que luego llevaban adelante por dos años. Esta es la primera vez que un plan de contingencia se hace como tal, tengo entendido que fue ante la iniciativa de la presidenta Jeanine Áñez en contra de la violencia, el feminicidio e infanticidio”.
