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Sri Lanka vivió ayer, domingo, un sangriento Domingo de Resurrección con al menos 290 muertos y 500 heridos, tras una serie de atentados que golpearon tres iglesias donde los fieles celebraban la festividad cristiana, cuatro hoteles y un complejo residencial.
Las seis primeras explosiones ocurrieron de forma simultánea hacia las 8:45 horas (23:45 HB del sábado) en tres hoteles de lujo en Colombo y también en una iglesia de la capital, otra en Katana, en el oeste del país, y la tercera en la oriental ciudad de Batticaloa.
Las imágenes que llegaron de los lugares siniestrados mostraron la magnitud de la tragedia, con una de las iglesias con el techo del templo semidestruido, escombros y cuerpos esparcidos.
"Escenas horribles. He visto miembros arrancados esparcidos por todos lados. Equipos de emergencia están desplegados en su totalidad en todos los puntos", relató en Twitter el ministro para las Reformas Económicas, Harsha de Silva.
Horas después, una séptima detonación tuvo lugar en un pequeño hotel situado a unos 100 metros del zoo de Dehiwala, a una decena de kilómetros al sur de la capital, y la última en un complejo residencial en Dematagoda, también en Colombo.
Los muertos en las primeras explosiones ascendieron a 202 y los heridos a 450, mientras que en las otras dos explosiones se produjeron cinco muertes más, tres de ellas de agentes, según afirmó el portavoz de la Policía de Sri Lanka, Ruwan Gunasekara.
Al menos 32 extranjeros se encuentran entre los fallecidos y 30 más hospitalizados, detalló el presidente de la Autoridad de Desarrollo del Turismo de Sri Lanka, Kishu Gomas.
