La justicia cerró ayer un capítulo de uno de los crímenes más espantosos que hayan ocurrido en el país, el ataque con gas venenoso a los viajeros del metro de Tokio, que mató a 13 personas y enfermó a más de 6.000. Shoko Asahara, de 63 años y líder de una secta apocalíptica japonesa, fue ejecutado en la horca junto con seis de sus seguidores.
El atentado ocurrió el 20 de marzo de 1995 y alertó a un país relativamente seguro sobre el riesgo del terrorismo urbano. Unos 2.000 policías a fin de detectar posibles gases venenosos, incursionaron en el recinto de la secta, cerca del monte Fuji. Asahara, el autoproclamado gurú barbudo que reclutó a científicos y otras personas para su culto, fue encontrado dos meses más tarde, escondido en un compartimento en el techo de un edificio.
Como es la costumbre en Japón, el Ministerio de Justicia confirmó reportes de prensa de que el líder de la secta y su seguidores fueron ejecutados en la horca por su participación en el ataque con gas sarín en el metro de Tokio y otros crímenes.
"Esto me trajo tranquilidad", afirmó Kiyoe Iwata, quien perdió a su hija en el ataque al metro, en declaraciones a la emisora NHK. "Siempre me pregunte por qué tuvo que ser mi hija y por qué tuvo que morir. Ahora, puedo hacer una visita a su tumba y contarle esto", añadió.
