El presidente interino de Brasil, Michel Temer, inició ayer sus funciones en una ceremonia sin pompas, en la que pidió confianza a los mercados y manifestó su "respeto" por la mandataria Dilma Rousseff, suspendida de su cargo durante 180 días por el Senado.
Temer declaró su "absoluto respeto por la presidenta suspendida, Dilma Rousseff", y aclaró que lo hacía sin "discutir las razones" que llevaron al Senado a abrir un juicio con miras a su posible destitución y "subrayando el más pleno respeto por las cuestiones institucionales". El presidente interino ocupará el cargo de Rousseff mientras dure el proceso contra la mandataria, pero deberá completar el mandato que vence el 1 de enero de 2019 en caso de su destitución, por lo que el tiempo que permanecerá en el poder es aún incierto.
Más allá de esa breve alusión a Rousseff, que unas horas antes había abandonado el Palacio presidencial de Planalto en que Temer puso en funciones a sus ministros, su primer mensaje fue dirigido a los mercados financieros y al sector empresarial, a los que pidió fundamentalmente confianza.
"Es necesario tener confianza en la democracia brasileña" y también en "la recuperación de la economía nacional, en los potenciales del país y en sus instituciones sociales y políticas", declaró Temer en un salón abarrotado por dirigentes políticos que hasta ayer estaban en la oposición. La ceremonia no tuvo el calor popular que se respiraba en los actos que organizaba Rousseff, pero sí un "entusiasmo" con el "futuro que se abre para Brasil" que el propio Temer se ocupó de destacar.
Tal vez consciente del delicado clima político, manifestó que es "urgente pacificar a la Nación y unificar a Brasil", y señaló que para eso es necesario "un Gobierno de salvación nacional", que tenga el "diálogo" como bandera y comience a "garantizar la retomada del crecimiento económico".
Manifestó su "convicción de que es preciso rescatar la imagen y credibilidad de Brasil en el concierto interno e internacional", a fin de que "los empresarios y los trabajadores se entusiasmen y se retome la seguridad de las inversiones". También propuso "incentivar de forma significativa las sociedades publico privadas" por su capacidad de generar puestos de trabajo, cuya recuperación será uno de los primeros objetivos de su gestión.
"Para eso, es imprescindible reconstruir los fundamentos de la economía y mejorar el ambiente de negocios para el sector privado", así como enderezar las maltrechas cuentas públicas, para lo cual ratificó su apoyo a una reforma del sistema de jubilaciones. Temer subrayó, no obstante, que "el Estado no puede hacerlo todo y depende de los sectores productivos", por lo que el sector público debe "cuidar de espacios fundamentales como la seguridad, la salud y la educación" y "compartir el resto con la iniciativa privada".
