Como fue desde hace cuatro décadas, México amaneció ayer con el mismo sabor de la eliminación de un Mundial, aunque con la ilusión de que Rafael Márquez, sucesor del seleccionador Javier Aguirre, será el encargado de cosechar en el 2030 los frutos que sembró el equipo del “Vasco”.
El exjugador del Barcelona intentará tener con este equipo un proceso completo, una aventura prácticamente desconocida en una selección que se distingue por mover a sus entrenadores al gusto de sus directivos y compromisos comerciales.
Es algo que caracterizó a México desde 1986; la ausencia de un proyecto que respete el trabajo que dejaron los entrenadores anteriores.
