Islandia era uno de esos equipos cuyo nombre hasta hace no tanto sólo se conjugaba con goleada encajada. Hoy puede decir orgulloso que jugará los octavos de final de la Eurocopa tras una épica victoria frente a Austria.
Cuando las selecciones presentes en la Eurocopa tiran de tópico para hablar del fenomenal espíritu de equipo que reina en sus concentraciones, deberían echar un vistazo a este combinado islandés, que cuenta con argumentos mucho más válidos que la mayoría para recurrir a ese lugar común.
Con una población de 330.000 habitantes, de los que uno de cada diez han comprado entradas para la Eurocopa, los isleños muestran una pasión y una convicción solo comparables a las de otros pequeños países que se están rebelando en este torneo, como Gales.
En todo el país sólo hay siete campos de fútbol cubiertos: durante gran parte del año las gélidas temperaturas impiden la práctica de este deporte. Poco les importó a estos vikingos islandeses, que en Saint-Denis dieron una lección de raza y carácter.
