El poeta y sacerdote trapense Ernesto Cardenal fue enterrado ayer en un ambiente íntimo, sin ceremonia ni rituales, en su amado Solentiname, un archipiélago paradisíaco en el Gran Lago de Nicaragua, donde fundó una comunidad de artistas, artesanos y religiosos.
Las cenizas del autor de “Cántico Cósmico”, quien afirmó que el Hombre es “polvo de estrellas”, reposan a partir de ayer al pie de “la piedra”, un monumento elaborado por Cardenal hace tres décadas, que simboliza a sus “hijos espirituales” enterrados a su alrededor.
“Nada de piedra dura, sí estás sintiendo”, reclamó un día, en honor del “hijo” Laureano Mairena, en un verso que parecía enfrentarlo a su compatriota Rubén Darío.
“No hemos hecho ceremonia. Fue íntimo, sencillamente íntimo, eso es todo: los trabajadores y nosotros”, dijo a EFE Esperanza Guevara, una de las “hijas espirituales” del sacerdote de la orden trapense, pocos minutos después del entierro, del que muy pocos fueron testigos.
