David Santalla Barrientos ya no es uno. Desde septiembre del año pasado, cuando se casó con Sandra Saavedra Urizar, se convirtió en dos pero no solo poéticamente. Se duplicó en serio.
Sandra y David, David y Sandra. Ahora es difícil imaginar al uno sin el otro. Van juntos a todas partes y eso incluye las giras de “Santallazos”. Desde luego, eso tiene sus desventajas, como los bloqueos. La pareja tuvo que afrontar el de Chuquisaca esta semana, cuando debieron caminar siete horas por el camino Sucre-Potosí hasta que fueron levantados temporalmente y un vehículo los levantó y les trajo hasta la Villa Imperial. Hablan del episodio con humor, y dicen que fue una bonita experiencia, pero no niegan que quedaron con ampollas que todavía les molestan.
Y también estar juntos tiene sus límites. “Nos damos nuestro espacio –cuenta Sandra–. Cuando él tiene que estar solo, está solo y, cuando yo quiero mi soledad, él me la respeta”. Pero el resto del tiempo están juntos porque así es cómo han decidido afrontar la vida.
