Al desempolvar los manuscritos guardados en los anaqueles de uno y otro repositorio archivístico, encontramos interesantes retazos históricos que enriquecen a los que ya conocemos sobre la fundación del Colegio Nacional Pichincha. Fragmentos que siguen alimentando a la cuantiosa historia de este centro educacional potosino que cumple sus 192 años de creación.
Colegio Pichincha fundado en esta Ciudad Imperial un 2 de marzo de 1826 por el Mariscal de Ayacucho Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, cuyo acto inaugural fue el 7 de mayo del mismo año, en interiores del templo de Nuestra Señora de Belén, con vista hacia la antigua plaza de La Misericordia.
Fue en ese colonial e histórico edificio religioso donde quedó establecido el primer Colegio de Ciencias y Artes en Potosí, con el notable nombre de “Pichincha”, a sugerencia del militar irlandés Gral. Guillermo Miller, el que recibió la instructiva del Mariscal de Ayacucho, para elegir uno de los conventos de la ciudad, donde habría de establecerse el primer centro de formación educacional para beneficio de la juventud citadina.
En este orden, el Gral. Miller, siendo la más alta autoridad de la jurisdicción territorial, ostentando el título de “Presidente del Departamento de Potosí” y, cumpliendo con las instructivas de Su Excelencia, tomó la responsabilidad de hacer la visita personal a cada una de las casas conventuales, excepto a la de San Antonio de Padua regentada por los frailes franciscanos, a la que se guardaba todas las consideraciones, para ver la que más convenía para el propósito señalado. Y dentro de todas las examinadas, el Gral. Miller se inclinó por el convento de los padres Betlemitas que, al margen de reunir las condiciones para adecuarse a un centro de enseñanza superior, encontrábase en un lugar expectable de la ciudad.
Esta casa que en principio fue el Hospital Real de la Vera Cruz, siendo de una construcción arcaica, ella fue reedificada en 1715 con la llegada de los religiosos pertenecientes a la Orden de Nuestra Señora de Belén. Casona que era de una sola planta, para luego ser enriquecida con una segunda, en estricta obediencia al diseño trabajado por el Arq. José López Arango. Fue entonces cuando se levantaron los arcos de medio punto sobre columnas toscanas en sus dos plantas, formando los pasillos con cubierta de madera tallada y el piso con losa arenisca, manteniéndose el patio cuadrangular que era de su primigenia construcción, en cuyo centro se levantó un pedestal de piedra en forma de columna, sosteniendo al reloj del sol.
Adecuación del edificio para el Colegio Pichincha
Antes de empezar las primeras tareas de estudio asignadas al Colegio Pichincha, el convento hospital betlemita, fue desalojado de todos los enseres, instrumental médico y otros que tenía dicho nosocomio, trasladándose a la Parroquia de San Roque. Separadamente, los ambientes que precisaban algunos arreglos, fueron inmediatamente intervenidos en su refacción con el apoyo económico de la Tesorería Nacional que hizo un préstamo de dos a tres mil pesos para habilitar el local.
Finalmente, la portería del convento que hallábase próxima al portón del edificio, se convirtió en secretaria del colegio. La sala receptora que pertenecía al Prior de la Orden Betlemita, fue dispuesta para el Rector del Colegio. La sala de enfermería auxiliar, fue señalada para el primer curso de Retórica. Las otras habitaciones que servían de “celdas” para los religiosos, fueron fijadas en aulas para lecciones de “Lenguas Castellana y Latinidad; “Elocuencia y Oratoria”; “Matemáticas”; “Arquitectura”, “Botánica y Agricultura”; “Moral y Derecho”; “Filosofía”; “Medicina”; “Dibujo y Pintura”.
La sala que fue comedor de los religiosos, se mantuvo como tal, pero destinado a los alumnos internos del colegio; tomando en cuenta que este centro educativo, a sólo un año de su fundación, estableció su propio internado para albergar a los huérfanos de la Guerra de la Independencia” más a otros adolescentes que llegaban de las Provincias; todos en condición de “becados” con el beneficio de recibir alimentación, vestimenta, uniformes y material de estudios. Dicho internado, también aceptaba a otros estudiantes “pagantes” que ocupaban la sala de la predicación ubicada en la planta alta del edificio.
