“Hemos escuchado las palabras cobardes morales” (de Netanyahu para referirse a las decenas de delegaciones que abandonaron la Asamblea de Naciones Unidas para no oír su discurso). Para mí, los cobardes morales son esos líderes mundiales que se niegan a sentarse y negociar una paz justa y duradera; aquellos líderes que niegan el acceso de ayuda humanitaria a personas en desesperada necesidad; cobardes morales son aquellos que faltan el respeto al derecho internacional.”
Así respondió la ministra de Asuntos Exteriores de Islandia Katrin Gunnarsdóttir, (Reikiavik, 1965), elegante rubia, esposa y madre de deportistas, de trayectoria política liberal. Islandia reconoce al Estado de Palestina desde 2011. Fue el primer país de Europa Occidental en tomar esa decisión. La “Tierra de Nieves”, se independizó en 1918. Es una nación que no agredió a otros países ni promociona guerras.
En el extremo sur del planeta, una mujer de cabello negro rizado tuvo que batallar desde la niñez para demostrar que todos los seres humanos tienen los mismos derechos, aun cuando se los desconozcan por ser pobres, por ser negros, por ser migrantes. A lo largo de décadas denunció el apartheid. Sabe lo que es la discriminación. Aprendió leyes, no agarró armas, ni tiró bombas, ni cortó el agua a sus vecinos.
Noruega, antiguo reino que dominaba Islandia, anunció hace dos años, junto a España e Irlanda que su país reconocía al Estado Palestino. Los gobiernos noruegos no alentaron pogromos contra judíos ni abrieron campos de concentración.
En Oslo, capital de Noruega, se reúne tradicionalmente el Comité Nobel Noruego Este año, el Comité otorgó el Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista sudafricana Novanethem “Navi” Pillay, esa niña de piel oscura, convertida 80 años después en un referente mundial. “Por sus esfuerzos para promover la paz, defender el derecho internacional y combatir la impunidad en crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio.”
El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa felicitó a Pillay afirmando que ha “servido a la humanidad con principios y la convicción de que el mundo puede y debe ser un lugar mejor”. Otros sudafricanos recibieron el mismo premio por buscar la paz en el país de odio racial, entre ellos Nelson Mandela (1993), al que Pillay defendió cuando Estados Unidos lo acusaba de terrorista y Fidel Castro lo alababa.
El secretario general de la ONU, António Guterres elogió el premio como “un homenaje a todos aquellos que trabajan para defender el derecho internacional, el estado de derecho y los derechos humanos, y para garantizar la paz, la justicia y la dignidad humana.”
Donald Trump, el presidente de Estados Unidos que ansía doblegar al Comité Noruego para llevarse la estatuilla, como Barak Omana, afirmó que el Comité se había “avergonzado irremediablemente” por seleccionar a Pillay, a quien describió como “odiadora descarada de Estados Unidos e Israel”. Trump, vengativo, anunció más sanciones contra la Corte Penal Internacional (CPI), donde trabajó Pillay.
Navi se burló de Trump y adelantó que no compartiría el Premio Nobel con él (en referencia a la entrega de la estatuilla que protagonizó María Corina Machado). Trump asegura que detuvo ocho guerras y que merece ocho premios.
El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó que el Comité “había perdido su brújula moral al premiar a una fanática que construyó su carrera inventando y propagando calumnias de sangre contra el único Estado judío”.
La Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra el dirigente judío hace dos años por presunta responsabilidad por crímenes de guerra como el uso del hambre como arma de guerra y los ataques intencionales contra la población civil (el fantasma de “Naza”) y crímenes de lesa humanidad.
En la reunión en Washington, Israel pidió a los países latinoamericanos que abandonen la CPI, a la que califica de “corrupta”, dentro de los llamados “Acuerdos de Isaac”. No se conoce información oficial de la Casa del Pueblo. René Blatmann fue el boliviano que trabajó 10 años en la CPI, incluso ocupó la vicepresidencia.
La abogada tiene un historial que combina la denuncia contra los opresores y la defensa persistente del derecho para enfrentar las injusticias. Fue seleccionada para ocupar cargos internacionales y se convirtió en una experta en derecho internacional como el método para detener los abusos a los Derechos Humanos y los discursos de odio, racismo y segregación.
El Nobel de la Paz es el más importante en el testamento de Alfred Nobel que estableció este reconocimiento porque vivía angustiado por los estragos de su invento, la dinamita, que es útil para abrir rocas, pero fatal cuando la usan los terroristas, desde la calle o desde los estados.
