“Gasolina desestabilizada” es el nombre que el gobierno le ha dado al combustible que salió de algunos tanques de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y causó daños en por lo menos 2.000 automóviles debido a que contenían elementos extraños como goma y manganeso.
Y decimos “elementos extraños” porque, aunque así no se informó desde la estatal petrolera, ni la goma ni el manganeso son componentes de la gasolina que, básicamente, es una mezcla de hidrocarburos derivada del petróleo que se utiliza como combustible en motores de combustión interna.
Aunque la fórmula química de la gasolina no es única, ni fija, ni la goma ni el manganeso forman parte de ninguna de las fórmulas conocidas para conseguir ese combustible. Sus elementos característicos son alcanos, cicloalcanos, alquenos e hidrocarburos con anillos bencénicos como el tolueno y el xileno con sus fórmulas específicas.
Si revisamos bien las declaraciones de las autoridades desde que se denunció que la gasolina estaba dañando motores, no encontraremos explicaciones de ese tipo. Un reporte oficial publicado ayer dice que “una investigación realizada por un equipo técnico de YPFB, identificó de manera muy puntual, casos específicos de gasolina residual localizada en algunos tanques con parámetros superiores, correspondientes a adquisiciones anteriores, además de concentraciones superiores de goma y manganeso”. Se trata de lenguaje ambiguo, puesto que no es del todo técnico ni del todo popular, así que hay que leer con cuidado para interpretar el comunicado.
La “gasolina residual” no es otra cosa que gasolina sobrante que habría sido encontrada “en algunos tanques”, pero, además, “con parámetros superiores” a los permitidos en estándares de calidad y que, además, serían “correspondientes a adquisiciones anteriores”, es decir, comprada en el gobierno de Arce. Aquí hay claros elementos de negligencia puesto que se ha evidenciado que, en tiempos en que los combustibles escasean, YPFB tenía sobrantes “en algunos tanques”.
Pero lo que realmente alarma es la existencia de goma y manganeso puesto que, como ya hemos dicho, estos no son elementos de la gasolina así que, si fueron encontrados “en algunos tanques”, la única explicación que cabe es que fueron agregados intencionalmente.
También ayer, el presidente de YPFB, Yussef Akly Flores, admitió la posibilidad de sabotaje pues dijo que “no descartamos nada. Algunos medios lo dicen y nosotros también lo estamos investigando y que puede haber inclusive mano negra en algunas situaciones puntuales”. El detalle es que, para cualquier profesional en hidrocarburos, la existencia de goma y manganeso debería ser indicio suficiente de sabotaje que, cuando se trata de entorpecer el desarrollo normal del trabajo o de la producción, es tipificado como delito en el artículo 232 del Código Penal y es castigado con hasta ocho años de cárcel.
Sobre la base de esa información, el presidente Rodrigo Paz ha denunciado intentos de sabotaje contra su gobierno y lo sucedido con el combustible le da suficientes razones para hacerlo. Por eso es que “gasolina desestabilizada” es un nombre que tal vez no sea muy técnico, pero resume muy bien lo que ha pasado en este caso.
El presidente de YPFB ha anunciado el despido de 360 funcionarios de esa estatal, pero no ha dicho cuántos son los que trabajan en ella. Lo que pasa en esta entidad es lo mismo que ocurre en las demás reparticiones del Estado: la gente que trabajó con el MAS sigue en funciones, así que la posibilidad de sabotaje debe tomarse en serio.
