Algunas banderas bolivianas dejaron de flamear hace décadas, pero no desaparecieron. Sobrevivieron a conflictos y cambios históricos y hoy permanecen como reliquias de museo, mientras una antigua leyenda atribuye a un arcoíris la inspiración para el orden de los colores de la tricolor que identifica al país.
A propósito del Día de la Bandera de Bolivia, que se conmemora este lunes 17 de agosto, el historiador Randy Chávez explicó a ABI que entre las enseñas históricas que se conservan en el país destaca la que rescató Genoveva Ríos durante la invasión chilena de 1879, actualmente conservada en uno de los salones de la Casa de la Libertad, en Sucre.
La propia Casa de la Libertad señala que el emblema patrio que flameó por última vez en Antofagasta fue arriada por Ríos y permanece en una vitrina de ese repositorio histórico.
El Banco Central de Bolivia también registra que la entonces adolescente de 14 años conservó la bandera durante años y en 1904 la entregó al cónsul boliviano Arístides Moreno, en Iquique, para que retornara al país y posteriormente fuera trasladada a la Ciudad de los Cuatro Nombres.
Pero esa no es la única pieza histórica que permanece en un museo. Chávez señaló que otra bandera antigua procedente del Litoral se conserva en el Museo Costumbrista “Juan de Vargas”, en La Paz, y la considera entre las más antiguas de este tipo que se mantienen en el país.
El Gobierno Autónomo Municipal de La Paz confirma que este repositorio forma parte de la red de museos municipales y que sus colecciones reúnen bienes culturales invaluables de distintas épocas.
“Es la bandera más histórica que tenemos, porque más antiguas no se han podido encontrar”, afirmó el historiador, aunque aclaró que no existe documentación suficiente para establecer con certeza todos los antecedentes de la pieza.
A esas piezas se suma una historia que permanece entre la tradición y la memoria histórica: la versión que atribuye al presidente Manuel Isidoro Belzu (1848-1855) la inspiración para modificar el orden de los colores de la bandera. Según el relato recogido por Eduardo Ocampo Moscoso en su libro Historia de la bandera nacional (1954), Belzu habría observado un arcoíris al pasar por Pasto Grande, durante su viaje de La Paz a Oruro.
Chávez explicó que el rojo y el verde ya tenían presencia en la bandera de La Paz, con sus colores rojo punzó y verde esmeralda, vinculada a la lucha independentista de 1809, y que los tres colores posteriores ya formaban parte de la enseña nacional antes del cambio definitivo al actual símbolo patrio. “Por los colores del arco iris que están juntos, el rojo, amarillo y verde, de ahí lo va a tomar”, relató.
Bolivia ha tenido tres banderas oficiales a lo largo de su historia republicana. El 17 de agosto de 1825, la Asamblea General de la República Bolívar estableció la primera enseña nacional, con una franja central punzó y franjas verdes en los extremos, además de ramas de olivo y laurel y estrellas doradas.
Un año después, el 25 de julio de 1826, una nueva disposición la modificó: mantuvo el punzó en el centro, sustituyó el verde de la franja superior por amarillo e incorporó las armas de la República. De esa composición surgió la bandera de amarillo, rojo y verde que antecedió a la actual.
Finalmente, el 5 de noviembre de 1851, durante el gobierno de Belzu, se estableció el orden que permanece hasta hoy: rojo arriba, amarillo al centro y verde abajo. La norma también introdujo modificaciones al escudo de armas. La documentación oficial confirma el cambio.
El relato del arcoíris, en cambio, no aparece en esa ley. Por ello, Chávez lo identifica como un mito o tradición histórica y no como un episodio respaldado por un documento de la época.
La enseña nacional que hoy representa a Bolivia también conserva en sus colores una carga simbólica que se transformó con el tiempo. Según Chávez, el rojo pasó a representar la sangre derramada por los héroes, el amarillo se vinculó con la riqueza aurífera y el verde con la riqueza natural del territorio.
La historia de la bandera paceña permite observar ese cambio de significados. De acuerdo con el historiador, el rojo punzó y el verde esmeralda tenían para los revolucionarios de 1809 un sentido ligado a la rebelión y la esperanza, antes de adquirir las interpretaciones que tendrían después dentro de la simbología nacional.
Así, detrás de una bandera que cada 17 de agosto vuelve a las plazas, edificios públicos y hogares del país permanecen historias que no siempre aparecen en las lecciones escolares: enseñas que sobrevivieron a la guerra y hoy descansan en vitrinas, una bandera paceña ligada a los primeros movimientos independentistas, los colores de aquella revolución que reaparecieron en la primera enseña nacional y una tradición que cuenta que un arcoíris pudo haber ayudado a ordenar los colores de la tricolor que hoy conocemos.
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