Mientras niños y adultos observan cómo Wall·E mueve la cabeza, baila y reproduce los gestos del entrañable personaje de Disney, pocos imaginan que el robot de más de 50 kilos que tienen frente a ellos no llegó del extranjero. Fue diseñado y construido durante un año en Achocalla, municipio del departamento de La Paz, por el ingeniero boliviano Roly Mamani, quien ahora concentra sus esfuerzos en Royx, un robot humanoide que aún está en desarrollo y con el que busca demostrar que la innovación de alto nivel también puede construirse en Bolivia.
Con 18 motores distribuidos en todo su cuerpo, una inversión cercana a los 3.000 dólares y movimientos inspirados en la película, el Wall·E boliviano se convirtió en una atracción. El personaje puede bailar, interpretar coreografías y recrear los gestos que lo hicieron famoso en la pantalla grande.
“En nuestro país por muchos años han intentado hacerlo, pero de una manera muy básica. Con la experiencia que tenemos en Robotics Creators presentamos el primer Wall·E realista, como los que se ven en los parques de Disney”, afirmó Mamani en entrevista con ABI.
El ingeniero recordó que el mayor desafío no fue únicamente desarrollar la programación, los mecanismos y el sistema de movimiento. Conseguir el financiamiento para el proyecto representó el principal obstáculo. “Más allá del conocimiento, el presupuesto económico es lo más difícil al momento de elaborarlo”, señaló.
La satisfacción llegó cuando el robot empezó a moverse. “Ha sido mucho mejor de lo que esperaba. Con las herramientas que hoy tenemos, incluso con la inteligencia artificial, hemos podido mejorar el realismo, los movimientos y la interpretación”, contó.
Wall·E forma parte del Museo Robótico de Achocalla, un espacio que Mamani creó después de años de desarrollar prótesis biomecánicas y robóticas, además de fabricar robots para distintos proyectos. La iniciativa busca acercar la ciencia y la tecnología a niños y jóvenes para que descubran que la innovación también puede surgir desde Bolivia.
“Tenemos que romper de una vez esa brecha y empezar a tener una soberanía tecnológica en nuestro país. Queremos mostrarles que ellos también pueden hacerlo, sin importar sus condiciones. Con planeación y recursos limitados también lo podemos lograr”, sostuvo.
Mamani, ingeniero electrónico titulado en la Universidad Pública de El Alto, reconoce que emprender en el campo de la robótica no ha sido sencillo. Afirmó que faltan políticas públicas para apoyar este tipo de iniciativas y que existen limitaciones para fortalecer emprendimientos tecnológicos, incluso para recibir pagos digitales del exterior. Pese a ello, asegura que seguirá desarrollando proyectos desde Achocalla.
Además de las piezas que exhibe, desarrolla robots a pedido para instituciones, empresas y particulares. Los proyectos se diseñan según los requerimientos de cada cliente y, dependiendo de sus funciones y grado de complejidad, pueden costar entre $us 4.000 y $us 6.000.
Pero su trabajo va más allá. Las prótesis para personas y animales ocupan un lugar central en la labor que impulsa desde Robotics Creators Bolivia. Con ellas busca facilitar la rehabilitación y contribuir a la reinserción en la vida cotidiana de quienes las necesitan. La iniciativa ya benefició a cerca de 500 personas.
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