Lo que comenzó como una prometedora oportunidad laboral en el extranjero se ha transformado en una pesadilla. En la comunidad de Rincón de Palometas, en el departamento de Santa Cruz, denuncian que sus seres queridos, quienes viajaron a Rusia bajo la promesa de empleos bien remunerados en el área de la construcción, fueron engañados y enviados a la línea del frente de batalla.
De acuerdo con los testimonios de los allegados, más de diez bolivianos habrían sido captados por una red de reclutadores en marzo de este año. Sin embargo, desde hace aproximadamente un mes y medio, la comunicación se cortó por completo. Hoy, sus familias desconocen su paradero y temen lo peor.
Según relatan los comunarios, los reclutadores operaron a plena luz del día y con absoluta impunidad, llegando directamente al corazón de la localidad para captar a sus víctimas.
"Ellos vinieron aquí al pueblo, aquí a la plaza. Les ofrecieron un buen sueldo y les dijeron que iban por seis meses para trabajar en albañilería, ayudando a reconstruir viviendas dañadas", relató a Red Uno una de las madres afectadas.
Atraídos por la posibilidad de mejorar la economía de sus hogares, el primer grupo –compuesto por cinco personas, entre ellas el hijo, el hermano y el cuñado de la denunciante– partió el pasado 8 de marzo. El viaje contempló una larga travesía: salieron por vía terrestre hacia São Paulo (Brasil), desde donde tomaron un vuelo con escala en Turquía hasta aterrizar, finalmente, en suelo ruso.
Un contrato en ruso
Al llegar a Rusia, la realidad de los trabajadores bolivianos dio un giro drástico. La promesa de reconstruir viviendas se desvaneció al ser obligados a firmar documentos cuyo contenido no podían comprender.
"Mi hijo me dijo: ‘Madre, nos engañaron. Nos hicieron firmar un contrato en ruso. No nos permitieron tomarle una fotografía al documento y era por un año’", recordó la mujer con la voz entrecortada.
Respecto al tema económico, la situación es igual de sombría. Aunque se les prometieron salarios elevados, los familiares aseguran que no han visto un solo centavo del supuesto dinero. "Dicen que sí les pagaban, pero yo no sé la verdad. A nosotros no nos ha llegado nada", lamentó.
El último y desgarrador mensaje
La última vez que esta madre pudo escuchar la voz de su hijo fue el pasado 20 de mayo. Aquella conversación telefónica quedó grabada en su memoria como una dolorosa despedida que hoy alimenta su desesperación.
“Madre, reza por mí para que volvamos. Reza por mí porque nos están mandando al frente”, fueron las últimas palabras del joven antes de que su teléfono se apagara definitivamente.
Clamor de ayuda
Ante el silencio absoluto y el temor constante de recibir una trágica noticia, los familiares de las víctimas han decidido romper el silencio y hacer pública la denuncia. Estiman que al menos nueve personas originarias de Rincón de Palometas se encuentran en esta situación de vulnerabilidad extrema.
“Por favor, les pedimos que nos ayuden para que nuestros familiares vuelvan, que vuelvan vivos”, concluyó la madre entre lágrimas.
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