Tres economistas coincidieron en que el paso al régimen cambiario flexible, ordenado el viernes por el Gobierno, representa un reconocimiento de la realidad del mercado, pero advirtieron que la medida no elimina los problemas estructurales que originaron la escasez de divisas.
“El Gobierno ha cambiado el termómetro, pero ahora le toca empezar a bajar la fiebre”, señaló en sus redes sociales el economista Gonzalo Chávez, quien explicó que el nuevo sistema reduce distorsiones y acerca el tipo de cambio oficial al precio real, pero no genera dólares adicionales. “Cambia la forma de medir el precio de la escasez, pero no elimina la escasez misma”, agregó.
Chávez identificó tres condiciones para que el régimen sea sostenible: constituir y consolidar las reservas internacionales del BCB, garantizar la independencia de esa entidad mediante el nombramiento de sus ejecutivos vía Asamblea Legislativa y atacar “los orígenes del escasez, de los dólares del sector público que tiene que ver con el déficit Público”.
El economista Mauricio Ríos, por su parte, cuestionó que la transición sea interpretada como un paso hacia un mercado libre. “Muchos celebran el paso a un tipo de cambio más flexible como si ahora las fuerzas del mercado determinaran el precio del dólar. Esa visión es incompleta. Un tipo de cambio verdaderamente libre requiere que exista libertad monetaria: que los agentes puedan elegir qué moneda usar, ahorrar y contratar sin que un organismo central controle la cantidad de dinero en circulación”, sostuvo en un artículo publicado en Facebook.
Para Ríos, mientras el BCB mantenga el monopolio de emisión, cualquier flotación seguirá siendo administrada. Ríos advirtió además sobre los efectos en el sistema bancario. Señaló que la revaluación de activos en bolivianos que produce la devaluación genera una mejora en los balances contables de los bancos, pero calificó ese efecto de nominal y temporal. “Los dólares que no existen siguen sin existir”, afirmó, y alertó que los depositantes que exijan retiros en moneda extranjera seguirán presionando sobre reservas limitadas.
El economista Carlos Augusto Aranda, por su lado, apuntó en la misma dirección al describir el problema de los fondos CPVIS: “durante años los bancos entregaron dólares al BCB a cambio de liquidez en bolivianos al 0%, en operaciones de tipo swap. Esos recursos quedaron atrapados como garantía y se transformaron en créditos de largo plazo”, señaló. “La operación está trabada de los dos lados”, advirtió, en ese sentido, Aranda en su cuenta de Facebook al precisar que esto “no significa una eliminación del corralito bancario”.
Para Aranda, “el tipo de cambio no es la enfermedad, es el síntoma”, y sostuvo que mover “mover el precio del dólar sin atacar las causas de fondo solo traslada la tensión de un lado a otro. Y si esa tensión se descarga sobre una banca ya restringida por la represión financiera (tasas topadas, cartera dirigida, etc.), el riesgo es empujar al sistema hacia la iliquidez”. “Esto no soluciona nada; a lo mucho es la formalización del modelo de gasto público e intervencionismo que nos ha conducido a la situación actual”, concluyó.
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