La reorganización de YPFB se perfila como una opción ante la crisis de la petrolera estatal, marcada por problemas de calidad y desabastecimiento de combustibles y por la inestabilidad en su cúpula, tras el relevo de dos de sus principales ejecutivos en los primeros seis meses del gobierno de Rodrigo Paz.
Sebastián Daroca tomó posesión el jueves como nuevo presidente de YPFB, el tercero en el puesto en casi seis meses de Gobierno, en reemplazo de Claudia Cronenbold, quien renunció el miércoles tras permanecer menos de un mes en funciones tras la salida de Yussef Akly.
Cronenbold señaló en su renuncia que la empresa está en “un estado institucional significativamente más deteriorado de lo previsto”, lo que atribuyó a la forma en que se manejó durante los gobiernos de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025).
Parte de la crisis que atraviesa YPFB se debe al agotamiento de los yacimientos de gas, lo que repercutió en la captación de la renta petrolera, que hasta hace unos años fue la principal fuente de ingresos de Bolivia. Las reservas probadas de gas del país rondan los 3,7 TCF, frente a los 10,7 TCF de 2017, según datos oficiales.
El miércoles, Paz también nombró a Carlos Blanco como nuevo ministro de Hidrocarburos, en reemplazo de Mauricio Medinaceli, en medio de una crisis de carburantes causada por el mal estado de la gasolina y un reciente desabastecimiento de diésel.
El problema de la “gasolina desestabilizada” surgió poco después de que a mediados de diciembre el Gobierno retiró la subvención a los combustibles, que estuvo vigente durante más de 20 años.
YPFB atribuyó en febrero la mala calidad de la gasolina a un problema “heredado” de gestiones anteriores e indicó que en algunas plantas de almacenamiento se encontraron restos de plomo y manganeso que habrían causado el problema, además de que se aplicaron medidas de control de calidad del producto.
