Los bolivianos eligieron confiar en las elecciones para dirimir sus diferencias, pese a que el proceso previo estuvo marcado por la violencia, por la crisis económica, por las amenazas judiciales y por la desconfianza en el Órgano Electoral, como un síntoma de la crisis institucional que golpe al país, según la evaluación de los observadores electorales.
Los primeros informes preliminares de las misiones internacionales que observaron estas elecciones generales, destacaron el ambiente de “paz” en el que se desenvolvieron los comicios y el trabajo realizado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en medio de un ambiente polarizado, en crisis económica y social que vive Bolivia. Particularmente destacaron el buen funcionamiento del Sistema de Resultados Preliminares (Sirepre), que permitió saber quiénes irían a segunda vuelta el mismo día de la votación.
