SUMAQ ORCKO
El Cerro Rico de Potosí, conocido en quechua como Sumaq Orcko o cerro hermoso, es una montaña de los Andes, ubicado en la ciudad de Potosí.
Ante la caída de la minería, el turismo se consolida como la nueva veta productiva de Potosí. A los grandes sitios que reciben miles de visitantes –Uyuni, Toro Toro o la patrimonial Villa imperial– se suman comunidades con emprendimientos destinados a mostrar al mundo la vida al interior de la montaña y su milenaria historia, según publicó ayer un periódico de circulación nacional.
En 2012, Potosí ocupaba el sexto lugar en turismo de los nueve departamentos; según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), ese año, 77.083 viajeros se hospedaron en establecimientos de Potosí, de ellos 29.150 eran extranjeros. Para 2016 (último registro oficial) la llegada de turistas internacionales se incrementó a 154.918.
En solo cuatro años, el departamento minero pasó a ser el tercero –a nivel nacional– en la captación de turistas del interior y exterior del país. “Gracias a la fuerte inversión en la promoción de lugares turísticos de Potosí, este departamento está entre los tres primeros más visitados de toda Bolivia”, explicaba entonces un boletín institucional del Viceministerio de Turismo.
Según datos de la Secretaría de Turismo de la Gobernación de Potosí, solo en Uyuni, de 2006 a 2016 las operadoras legales aumentaron de 60 a 170. En ese mismo lapso, el gasto promedio del viajero que llegaba a la Villa Imperial antes de ir al Salar, se incrementó de $us 85 diarios a 250.
FUNTE DE RIQUEZA
Por siglos, el Cerro Rico de Potosí, yacimiento de plata más importante, ha sido fuente de riqueza. Desde la Colonia, Bolivia ha sido un país minero.
El descubrimiento del Sumaj Orcko, en 1545, dio inicio a un ciclo extractivista que se mantiene hasta hoy. A diario ingresan a los socavones cientos de mineros y, entre ellos, turistas seducidos por el misterio que ronda el inframundo que protege la veta.
Los guías turísticos han aumentado y con ellos las expediciones de turistas nacionales y extranjeros. Con coca, alcohol, los visitantes acuden a la cita con el Tío, amo y señor de la mina.
MINA SAN JOSÉ, PORCO
Sin embargo, el Sumaj Orcko –en quechua, Cerro Rico– no fue la primera montaña explotada en Potosí. Y tampoco es la única que recibe turistas. A 57 kilómetros de la Villa Imperial está el municipio de Porco y sus habitantes aseguran que su mina, San José, es la más antigua.
Esa mina se remonta a tiempos precolombinos; según la tradición oral, ya la explotaban los Qaraqara y los incas. La historia de esa montaña, mítica para pobladores y mineros, es la que quieren mostrar al mundo.
“La vida en la mina es distinta. Guarda historias de antes y de ahora y no sólo se trata de socavones, sino de toda la rutina de los mineros”, manifestó Efraín Gutiérrez, trabajador artesanal de la mina San José y emprendedor privado del primer complejo turístico minero.
Con la mira en la industria sin chimeneas, junto a su esposa Lucinda Huanaco, decidió invertir en un proyecto ambicioso que muestra el proceso de la extracción del mineral.
Ubicada en el perímetro de las concesiones de la Sociedad Minera Illapa SA, la mina San José es el atractivo principal del circuito. A ella se llega por la parte alta del campamento, plagado de actividad de mineros y comerciantes.
