SALIDA
FRENTE a esta crisis, la única salida es elevar la democracia a otro nivel, señaló Manuel Alcántara Sáez, doctor en Ciencias Políticas.
En Bolivia, el 26 % de la población se siente representada en el Congreso. Uruguay es el país en el que más personas se sienten representadas por el congreso en América Latina. Así se expresó el 45 por ciento de los consultados en el Informe 1995 - 2015 de Latinobarómetro; y Perú está en el extremo opuesto, con solo el 8 por ciento.
Segundo está Nicaragua, con apenas 36 por ciento. Tercero, Venezuela, con 31 por ciento. Comparten el cuarto lugar los únicos que quedan en los que al menos tres de cada diez personas tienen una valoración positiva del Parlamento: República Dominicana y Honduras, con 30 por ciento.
El poder legislativo de menor representatividad es el peruano, con 8 por ciento. Sólo un poco más arriba están Brasil y Paraguay, con 13 y 14 por ciento. Después, México y Costa Rica, ambos con 17 por ciento.
La pregunta que se impone después de conocer estos datos es por qué, más allá de las diferencias entre los países, es tan bajo el grado de confianza que tienen los latinoamericanos en sus congresos.
El politólogo Ernesto Calvo, profesor de la Universidad de Maryland, también señala que es un fenómeno global. Pero advierte que la pregunta por la representatividad puede ser un poco engañosa.
"El alto nivel de desaprobación no es solamente un problema latinoamericano. Hoy en día, ocho de cada diez estadounidenses desaprueban la actividad del Congreso. Creo que esta debilidad crónica tiene que ver con una tensión profunda de las democracias modernas: los votantes premian a los líderes que adoptan posturas principistas y confrontativas, pero esperan luego que los políticos en el Congreso sean capaces de formar consensos y adoptar políticas innovadoras. El problema es que los políticos que nos gustan en televisión no son necesariamente buenos para la negociación", respondió Aníbal Pérez Liñán, profesor de ciencia política y miembro del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, consultado por Infobae.
"Los congresos son criticados por todos. Cualquier miembro de la oposición dice que funcionan mal, pero que si su partido estuviera a cargo lo harían mejor. Los oficialistas también critican su funcionamiento, pero porque los opositores traban. Cada uno privatiza para su grupo los beneficios de la representación y socializa para todos las críticas y los problemas. Nadie defiende al Parlamento como institución", agregó.
