La autonomía es una bebé a la que ni siquiera han terminado de bautizar, pero ya uno de sus tíos le ve cara de buena para nada. Potosí, los líderes cívicos y mineros potosinos, han levantado las banderas del federalismo como la mejor forma de garantizar su desarrollo y se ha anotado como único frente organizado que irá a favor del No en el referendo sobre los estatutos autonómicos departamentales de septiembre, según publica El Deber.
Así, cuestionando el sistema unitario del Estado, la dirigencia pide atención sobre lo que considera urgente: carreteras, represas, hospitales y aeropuertos. A lo que en los 80 llamaron descentralización, en el nuevo siglo se llamó autonomía y ahora pasa a llamarse federalismo: formas de las regiones del país de exigirle al Gobierno central que distribuya recursos y poder. “Esto solo busca generar desestabilización”, acusa Hugo Siles, ministro de Autonomías.
VIEJO ANHELO
Juan José Toro, director de El Potosí, explica que las aspiraciones federalistas nacieron en 1940, cuando el alcalde Wálter Dalence reclamó regalías mineras al presidente Enrique Peñaranda.
Este respondió enviando tanques a la ciudad del Cerro Rico. A partir de allí surgió la idea de un Potosí federal, pero las aspiraciones se quedaron en la recuperación de la bandera departamental y en la confección de escudos para cada una de las provincias que existían en ese momento. “No se desarrolló un proyecto”, reseña Toro.
El periodista añade que, además, el pedido potosino no es homogéneo, que la composición cultural hace difícil una cohesión departamental, porque los potosinos provienen de cinco culturas: lipes, qara qara, chichas, atacamas y charcas.
Eso, por ejemplo, ha hecho que el paro cívico departamental haya sido inexistente en el norte de Potosí, la zona más pobre, y en el sur del Departamento, la zona menos golpeada por la miseria. Esa región, conformada por ciudades intermedias, como Villazón, Tupiza y Cotagaita, tiene su propio plan de desarrollo basado en la autonomía regional.
Pero ¿por qué desechar la autonomía departamental como instrumento de desarrollo?, ¿por qué decantarse por el federalismo? “No sé. Eso tendría que preguntárselo al pueblo”, dice lacónico y molesto Johnny Llalli, presidente de Comcipo, antes de colgar el teléfono.
CONSIGNAS Y PARADOJAS
Franz Flores, politólogo, aspirante a doctor y nacido en Potosí, tampoco ve tan claro el anhelo de la dirigencia cívica y minera. Recuerda que en la década de los 90, cuando en el Gobierno de Jaime Paz Zamora se comenzó a avanzar hacia un proceso de descentralización, Potosí se opuso y apostó por un modelo centralista, ya que la minería se encontraba en una de sus peores crisis y los líderes temían no contar con los recursos necesarios para valerse por sí mismos. Era 1991 y la pobreza torturaba a ocho de cada diez habitantes del Departamento minero.
Flores recuerda que su tierra natal incluso vio con dudas el proceso constituyente y la construcción de autonomías, pero desde 2010 se ha coreado en las calles el federalismo como una forma de demostrar su descontento con el Gobierno. “Todo proceso de descentralización implica que el centro comienza a perder poder y las regiones se fortalecen”, recuerda Flores.
La tesis del Gobierno va a contramano. “Un Estado fuerte generará autonomías fuertes”, dice Hugo Siles, que cree que este pedido contrasta con la política económica nacional de recuperación de los recursos naturales, de la apropiación del excedente y la superación de ese Estado famélico, débil que existió antes.
