En un escenario de denuncias de extractivismo e impactos medio ambientales en la región de Sudamérica, hace unas horas el presidente brasileño Jair Bolsonaro emitió dos decretos para la explotación de oro en la zona de la selva amazónica. .Uno va dirigido a la “minería artesanal”
Medios internacionales dan cuenta que uno de los decretos establece que “la Amazonia será la región prioritaria para el desarrollo” de esta actividad minera, en lo que supone el Programa para el Fomento de la Minería Pequeña y Artesanal, creado para “fortalecer políticas y estimular las mejores prácticas”.
De acuerdo a fuentes oficiales, este paquete de decretos es una medida que promueve la “minería artesanal y de pequeña escala” para la “extracción de sustancias minerales explotables”, en áreas de la Amazonía donde ya se registraron altas cifras de deforestación.
La agencia brasileña San Diego informó que otro de los decretos altera las leyes y regulaciones existentes, “por ejemplo al requerir que la entidad reguladora nacional establezca criterios simplificados para el análisis de permisos para la prospección”.
Esta nueva medida generó la inmediata reacción de colectivos e instituciones medioambientales que rechazan más actividades extractivistas en la región del Amazonas.
“El decreto sólo sirve a los intereses del actual Gobierno y en particular, de los empresarios que están financiando la minería ilegal aquí en la Amazonía”, enfatizó a medio de la región, la integrante de la coordinación nacional del Movimiento por la Soberanía Popular en la Minería (MAM), Isabel Cristina.
En Brasil y otros países que conforman la cuenca del Amazonas ya se alertó de la deforestación continua y devastadora a causa de actividades como la minería, hidrocarburos, tráfico de madera y expansión de la frontera agrícola.
Según el último balance del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), la selva amazónica brasileña perdió 13.235 kilómetros cuadrados de árboles entre el 1 de agosto de 2020 y el 31 de julio de 2021.
Es así que la expansión de la minería ilegal a lo largo de la cuenca del Amazonas es un problema latente que no se ha detenido a pesar de la pandemia de Covid-19 y que se desarrolla bajo el amparo de entidades y autoridades.
Los daños devastadores de la explotación aurífera se evidencian en las aguas turbias, producto del movimiento de la maquinaria, desechos y uso de mercurio.
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