Una hilera de personas mayores, la mayoría hispanas, yacen en coma inducido conectadas a ventiladores, mientras las enfermeras chequean sus monitores en un colapsado hospital del sur de Los Ángeles, cuando Estados Unidos bate récords diarios de fallecidos por la enfermedad.
Esta unidad de cuidados intensivos de uno de los distritos más pobres de Los Angeles está acostumbrada a la muerte, pero ahora en plena pandemia de covid-19 en el país los médicos dicen que nunca vieron algo igual.
“Es duro. Somos humanos y hacemos lo mejor que podemos”, dice la enfermera Vanessa Arias. “Pero ya hemos visto demasiadas muertes en la últimas semanas”, añade.
“Estamos en lo peor de la tormenta”, dice.
El hospital Martin Luther King Jr (MLK), ubicado entre los barrios Watts y Compton, está desbordado por la imparable afluencia de pacientes de coronavirus.
Cuando AFP lo visitó esta semana, su capilla y tienda de regalos habían sido convertidas en salas de exámenes, se instalaron nuevas camas de cuidados intensivos en la sala de posoperatorios y fuera de la principal entrada se instalaron carpas como hospitales de campaña.
El hospital de 131 camas tenía 215 pacientes; la mayoría con covid. Médicos de la Guardia Nacional acababan de llegar para auxiliar a los desbordados doctores y enfermeras.
“Si Los Angeles es el epicentro del mundo, esta comunidad es el epicentro del covid en Los Angeles”, dijo la directora del hospital, Elaine Batchlor.
Los barrios de los alrededores son habitados mayoritariamente por hispanos y negros, dos de las franjas demográficas más azotadas por el virus.
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