El canciller boliviano Fernando Aramayo participó en Washington en una reunión ministerial convocada por el Departamento de Estado de Estados Unidos para abordar lo que ese país denomina el resurgimiento del “terrorismo político de extrema izquierda”. El encuentro congregó a representantes de más de 60 naciones.
La cita, denominada “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, se desarrolló este jueves bajo la conducción del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien planteó la necesidad de articular una respuesta coordinada frente a este fenómeno.
En un comunicado oficial, la Cancillería boliviana expresó su postura frente a este tipo de amenazas: “Bolivia reafirma que todo intento de quebrantar el orden constitucional mediante acciones terroristas o de violencia, financiadas por el crimen transnacional, constituye una amenaza para nuestra democracia y para la estabilidad regional. Ninguna democracia puede permanecer indiferente frente a organizaciones criminales que utilizan recursos ilícitos para socavar las instituciones democráticas”.
De acuerdo con el Departamento de Estado, el encuentro tuvo como eje el análisis del resurgimiento del “terrorismo político de extrema izquierda” y la coordinación de acciones conjuntas “más firmes para reforzar las defensas de primera línea y subsanar las lagunas que los terroristas siguen aprovechando”.
Durante su intervención, Rubio sostuvo que “es una amenaza real y transnacional que ha existido durante décadas, pero que ahora experimenta un resurgimiento (…) Pueden llamarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”.
Según la versión difundida por Washington, estas acciones se manifiestan en distintos continentes mediante ataques violentos dirigidos contra ciudadanos, autoridades, fuerzas del orden e infraestructura estratégica. En esa línea, se advierte que no se trata de hechos aislados, sino de una “estrategia deliberada y motivada ideológicamente para desestabilizar las sociedades libres”.
“atacan oleoductos y gasoductos; ferrocarriles; redes eléctricas y laboratorios; y los símbolos físicos y tangibles del poder y la invención”, añadió Rubio, al referirse a los objetivos de este tipo de acciones.
El encuentro concluyó con el compromiso de fortalecer la cooperación internacional para enfrentar amenazas de carácter transnacional y proteger las instituciones democráticas.
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