El miedo a morir de covid-19 impulsó a Laura Villa a dejar de posponer su testamento. Como ella, muchos mexicanos decidieron por fin dictar su última voluntad a raíz de la pandemia, algunos desde su lecho de enfermos.
De fácil sonrisa cuando le regalan un cráneo azucarado con su nombre el Día de Muertos, el mexicano rehuye sin embargo hablar de herencias, al punto que solo 5% de quienes tienen qué repartir han legalizado estos asuntos en el país, según el Colegio de Notarios de Ciudad de México.
Un gran número hereda en cambio conflictos que se extienden por generaciones.
“Me la pasé diciendo ‘para el próximo año’. Los mexicanos somos mucho del mañana y no nos gusta hablar de testamentos, es ave de mal agüero”, dice a la AFP Villa, financiera de 49 años preocupada por dejar claro el destino de dos departamentos.
A la superstición se suma una renuencia a los trámites legales, considerados caros y engorrosos, por lo que hay familias que llevan décadas viviendo en casas de parientes fallecidos sin tener título de propiedad.
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