El nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, comenzó a imponer su ideal ultraconservador en medio de la euforia de los mercados financieros y la virtual ausencia de una oposición, que parece haber desaparecido ante su fuerte arrastre popular.
El líder de la ultraderecha comenzó su gestión con pulso firme en los primeros días. En cuatro días, el Gobierno alteró las normas para la demarcación de nuevas tierras indígenas, que pasará a manos del Ministerio de Agricultura, controlado por grandes hacendados; rebajó el peso de las políticas en favor de los homosexuales; y anunció su intención de "acabar" con la justicia laboral y los "excesos de derechos".
