Las sirenas de las ambulancias que transportan los cuerpos sepultados se escuchaban ayer sin cesar en las calles de Palu, la ciudad más afectada por el terremoto y tsunami que golpeó el viernes 28 de septiembre la isla indonesia de Célebes, mientras la actividad comercial vuelve a la arrasada localidad.
Esta capital provincial donde viven más de 350.000 personas intenta recuperarse de la tragedia con la apertura de comercios, bancos y una mayor distribución de alimentos y gasolina, bajo el trauma de un recuento oficial de fallecidos que ayer aumentó a 1.571.
Ayer concluyó el plazo que dieron las autoridades indonesias para encontrar personas con vida bajo los escombros a pesar de que los equipos de búsqueda y rescate tan solo consiguieron llegar hace un par de días a zonas que acumulan la mayoría de víctimas, como Petobo, al sur de Palu.
En este pueblo, que quedó arrasado por un alud de tierra provocado por el seísmo, una excavadora ha abierto un camino en el barro que se hunde más de dos metros y que según la Cruz Roja sepultó a entre quinientas y setecientas personas.
