Al menos, una veintena de personas fallecieron ayer como consecuencia del derrumbe del tramo de un puente en la ciudad italiana de Génova (noroeste), un suceso que ha generado en el país un debate sobre el estado de las infraestructuras.
El dato de muertos es provisional y hay cierta discrepancia en cuanto a la cifra de víctimas.
El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, dijo a los medios desde la isla de Sicilia (sur), donde se encuentra, que hay una treintena de muertos, sin embargo, el director operativo de Protección Civil de Italia, Luigi D'Angelo, explicó que son una veintena.
D'Angelo confirmó que hay además 16 heridos, diez de ellos en estado grave, y todos están siendo atendidos en diversos hospitales de la zona.
El suceso ocurrió cuando un tramo del puente Morandi, de un kilómetro de longitud y una altura de 90 metros, se vino abajo, sepultando bajo los escombros a varios vehículos.
Inicialmente se apuntó a las fuertes lluvias como la causa del incidente, aunque momentos después la compañía encargada de la gestión y manutención de la autopista, que es Autoestrade per l'Italia, filial de Atlantia, informó en un comunicado de que estaba trabajando para asegurar el pavimento del viaducto.
La concesionaria subrayó que "tal y como estaba previsto, se había instalado un puente grúa para permitir el desarrollo de actividades de mantenimiento" y que "los trabajos y el estado del puente estaban sujetos a la constante observación" por parte de las autoridades locales.
Se ha iniciado entonces un debate en el país sobre el estado de las carreteras y el Gobierno italiano ha asegurado que exigirá responsabilidades.
Ahora la prioridad es sacar a las personas que aún puedan estar vivas y atrapadas bajo los escombros, y por eso en el área se encuentran unos 1.000 agentes, entre Policía Estatal, Municipal, equipos de Bomberos, Protección Civil y personal sanitario.
