Paraguay vivió ayer la última jornada de reflexión antes de la cita electoral de hoy domingo, en la que unos cuatro millones de paraguayos están llamados a elegir al nuevo presidente del país, un duelo entre el oficialista Mario Abdo Benítez y el liberal Efraín Alegre.
La jornada, en la que estaba prohibido hacer proselitismo o difundir propaganda política, transcurrió de acuerdo con esas premisas, aunque la campaña electoral fue considerada como una de las más frías y apáticas desde la caída de la dictadura, en 1989.
Según los analistas, el electorado transmite cierto desencanto ante un escenario que durante esta legislatura, presidida por Horacio Cartes, del Partido Colorado, estuvo sacudida por los escándalos de corrupción política y de tráfico de influencias en el Poder Judicial.
Tampoco parecen haber despertado pasiones, más allá de a afiliados y convencidos, los dos candidatos con más posibilidades de alcanzar la Presidencia, Abdo Benítez, por el Partido Colorado, y Alegre, por la alianza opositora Ganar.
Abdo Benítez, de 46 años y curtido como legislador en el Senado, es el rostro emergente de la centenaria formación conservadora que ha marcado la política del país durante siete décadas, salvo el periodo comprendido entre 2008 y 2012, cuando la Presidencia estuvo en manos de Fernando Lugo, del izquierdista Frente Guasu.
